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Un estudio publicado en la revista médica Cell encontró en el ajo y otros irritantes una sustancia capaz de mitigar el dolor, el hallazgo permitirá el desarrollo de nuevos fármacos y antiinflamatorios naturales más eficaces. La sustancia en cuestión (llamada TRPA1) forma parte de una familia de receptores (los TRP), que tienen un papel clave en las percepciones sensoriales.
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“Al comprender lo que desencadenan los canales TRP, podemos aprender algo nuevo sobre cómo es la sensación de dolor”, comenta David Julius, de la Universidad de California en San Francisco y uno de los autores del trabajo.
Dentro de esta familia, hay receptores de numerosas sustancias naturales que estimulan los nociceptores, las neuronas implicadas en la transmisión del dolor. Por ejemplo, uno de los canales es el receptor de la capsaicina (el ingrediente que causa el picor de los chiles y pimientos), mientras que otro TRP está detrás de la reacción al mentol.
Ahora, para estudiar el TRPA1, Julius y su equipo han experimentado, en roedores que carecían de este canal iónico, algunas de las funciones de las que se había responsabilizado al receptor. Ajo, wasabi o gas lacrimógeno. “La mayor sorpresa del estudio actual es la identificación de varios irritantes que activan el TRPA1, como el aceite de mostaza (ingrediente de la mostaza y del wasabi), el ajo, la acroleína, un irritante presente en el gas lacrimógeno”, dicen los autores del comentario que acompaña a esta investigación, también publicado en Cell.
Además, el estudio ha visto que sobre el canal también actúan sustancias inflamatorias producidas por el propio organismo, como es la bradicinina, un péptido que se produce ante lesiones o inflamación de tejidos y que interviene en la aparición del dolor agudo.
Esto hace pensar a los autores que el receptor TRPA1 “es un componente importante en el mecanismo a través de la cual los irritantes medioambientales y agentes proalgésicos endógenos (sustancias producidas por el propio organismo y que producen dolor, como la mencionada bradicinina) despolarizan los nociceptores y facilitan la respuesta dolorosa inflamatoria”, comentan.
La función de estos canales es simple: al verse activados por determinadas sustancias, los receptores se abren y dejan pasar una corriente que actúa sobre la neurona (despolarización). A su vez, la célula nerviosa produce una señal eléctrica que se transmite hasta el cerebro.
El trabajo de Julius no ha podido confirmar algunas de las funciones atribuidas al TRPA1, como la reacción ante estímulos fríos o la audición. “Los ratones sin TRPA1 mostraban una sensibilidad normal al frío y una función auditiva no deteriorada”, explican.
Utilidad. Los investigadores creen que sus hallazgos pueden dar lugar a nuevos tratamientos. Por una parte, el papel del TRPA1 y la bradicinina indica que fármacos que bloqueen el receptor “podrían ser útiles para la atenuación de las respuestas inflamatorias dolorosas”.
En cuanto a la acroleína, como “es un gran agente causante de envenenamiento por humo, al producir edema pulmonar y otras formas de irritación respiratoria, su relación con el TRPA1 proporciona una diana terapéutica para tratar el edema pulmonar y la irritación respiratoria ocasionadas por irritantes medioambientales de esta clase de químicos”.
Esta sustancia también se genera durante la asimilación de algunos medicamentos empleados en quimioterapia. “El metabolismo de estos fármacos en el hígado lleva a la producción y acumulación de acroleína en la orina, lo que puede llevar a cistitis hemorrágica, lo que a su vez causa hemorragias severas, dolor y el cese de las terapias”, escriben los autores.
“Ahora podemos empezar a considerar la idea de que, bloqueando la acción de la TRPA1, podría ser posible prolongar la terapia anticancerosa en esos casos”, comenta Julius.
Los datos
Agudo-crónico: Depende de si el dolor tiene una duración corta (agudo) o lleva mucho tiempo (crónico). No hay una delimitación exacta para diferenciar el agudo del crónico, pero por lo general un dolor de días/horas se considera agudo y si dura más de tres meses sería crónico.
Sordo, pulsátil, lacerante: Los dolores no son todos iguales. A veces es sordo, continuo, opresivo. Otros se definen como pulsátiles, como por ejemplo los causados por la migraña. Los que surgen por la afectación de los nervios suelen denominarse lacerantes.
Continuo-intermitente: Mientras el continuo tiene la misma intensidad todo el tiempo, el intermitente (también denominado cólico) se caracteriza por ir aumentando y disminuyendo de intensidad.
Refractario: Es el que no responde al tratamiento habitual. En algunas ocasiones los calmantes no quitan el dolor, sólo disminuyen la intensidad del mismo. En otras, el analgésico quita el dolor pero éste vuelve al poco rato.
Somático, visceral: Afecta a zonas muy superficiales, a las que llegan muchos nervios y se puede localizar perfectamente su situación. El visceral es el que afecta a zonas profundas y no se localiza tan bien, pudiendo ‘reflejarse’ en diferentes lugares alejados del sitio donde se origina el dolor.
Neuropático: Causado por la alteración del sistema nervioso. Suele ser un dolor de gran intensidad, que los pacientes definen a veces como calambres, o quemante. Es muy resistente a los tratamientos habituales y suele necesitar dosis altas de medicación.
La temperatura, el pulso y la presión determinan el estado del paciente
El dolor es una sensación y por tanto no puede ser medido; sólo uno mismo conoce cuánto le duele algo. Sin embargo, la importancia del dolor es tal que en la actualidad tiende a ser incorporada como la cuarta constante–- unida a la temperatura, el pulso y la presión arterial-– para saber el estado de un paciente.
Su razón de existir es la de avisar al organismo sobre la presencia de problemas en algún nivel. En efecto, cuando se está produciendo algún tipo de agresión o lesión en cualquier lugar de nuestra economía, unas terminaciones nerviosas especiales se encargan de dar la voz de alarma al sistema nervioso que es el controlador central del organismo.
Se trata de terminaciones nerviosas capaces de detectar cambios en la temperatura, en la presión, en las vibraciones. Se estimulan además cuando en la zona cercana a ellas aparecen determinadas sustancias.
Se trata de moléculas liberadas en respuesta a diferentes procesos como la inflamación en los que se produce lesión de los tejidos. El dolor es por tanto una vivencia personal imposible de trasmitir.
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