• Dolor de cabeza, comerse las uñas y trastornos estomacales, algunos de los síntomas
Las exigencias en los programas escolares, la violencia en las series televisivas y las presiones que ejercen sutilmente los padres sobre sus hijos para que sean los primeros en todo, podrían llevarnos, entre otros factores, a un diagnóstico explosivo.
Basta echar un vistazo a las actividades de un día común de una persona en esta gran urbe, para identificar esa cotidianeidad que nos es muy familiar a quienes vivimos inmersos en las exigencias constantes del tiempo, el espacio o la economía.
La patología del estrés infantil nos muestra varios síntomas. Uno de ellos podría detectarse así: aunque fue un día de muchas actividades escolares, el niño no puede conciliar el sueño, los sucesos de sus largas jornadas escolares darán vuelta en su mente. Al día siguiente, cuando se despierte, volverá el dolor de cabeza, pero descubre que las pastillas que le recetó el doctor ya no le hacen efecto.
Aquí ya hay un “hábito” para tratar de contrarrestar el malestar, pero en verdad no resuelve el problema. Lo pero es esa extraña sensación de angustia y miedo que le invade desde hace algunas semanas y lo ha convertido en una persona demasiado irritable. Quisiera pedir ayuda, pero le resulta complicado explicar su malestar, porque no sabe qué está ocurriendo. Después de todo, ¡sólo tiene once años de edad! La mayor parte de las personas pensaría erróneamente que el estrés sólo se presenta en adultos. Porque aparentemente los niños tienen la vida resuelta. Los mantienen, los cuidan, no tienen que ir a trabajar, los papás los protegen y por eso suena tan extraño que una critura pequeña pueda tener estrés. Pero así es: “cuando se ha llegado a detectar lo que le está pasando a los niños en la actualidad, (es porque) el grado de estrés es infinitamente mayor “, afirma la doctora Lucy Serrano.
“Hay demasiada violencia en las caricaturas, en muchísimas cosas que tienen a los niños en un estado de adrenalina constante. A esto se le agrega el hecho de que los padres también generan estrés en los hijos. No sólo por los pleitos y los conflictos, porque papá y mamá se están divorciando, se llevan mal, se golpean, o porque existe el alcoholismo en la familia. También muchos de los miedos e inseguridades y frustraciones de los padres se las están transmitiendo a los hijos ”, explica.
El diagnóstico del estrés infantil es uno de los más complicados. Muchas veces la enfermedad tiende a pasar inadvertida. En México, según la Secretaría de Salud, no existen estadísticas oficiales que permitan descifrar la magnitud de la enfermedad ni si va o no en ascenso.
Si bien es cierto que el estrés es útil, pues sirve de motivación, el exceso de este puede interferir en la vida cotidiana, hasta el punto de minar nuestra salud, y poner en jaque a todos los que están a nuestro alrededor.
El conocimiento previo, la educación y al apoyo permiten que la mayoría de las personas respondan de forma adecuada y reaccionen de manera positiva cuando las circunstancias así lo requieran. La respuesta al estrés es una condición tanto aprendida como natural, y puede ser saludable o inadecuada y perjudicial. El estrés puede afectar la manera en que las personas piensan, sienten y actúan.
Todos los individuos tiene respuestas ante el estrés (aumento en la vigilancia, agresividad y bloqueo del dolor) que les permiten sobrevivir mientras el cuerpo reconoce y responde ante un estrés severo. Los niños aprenden a responder al estrés por la experiencia personal y por observación. En la mayoría de los casos, el estrés experimentado por un niño puede parecer insignificante para los adultos, pero como los niños tienen pocas experiencias previas de las cuales aprender, incluso las situaciones que exigen cambios pequeños pueden tener un impacto enorme en los sentimientos de seguridad y confianza del niño.
Llamada de auxilio
Cuando se trata de identificar los factores responsables de esta situación, los especialistas coinciden plenamente: exigencias desmedidas y fuera de tiempo, para el nivel de desarrollo de los niños. La presión que se ejerce sobre ellos, muchas veces, se inicia incluso, cuando el niño es aún bebé.” En algunos casos los padres le exigen a su hijo que camine, cuando todavía no gatea, o que coma adecuadamente, porque va a recibir visitas. Desde pequeños los introducen en un ambiente de constante estrés, y no se dan cuenta que ellos mismos lo generan ”.
El terror para un niño se incrementa doblemente cuando entra a la etapa preescolar. Ahí es donde se hacen presentse las exigencias por los logros académicos. “No sólo existen jardines infantiles que dan tareas para la casa, lo cual ya es absurdo. Además, los padres los presionan para que saquen buenas calificaciones y una serie de exigencias que ponen a los niños con los pelos de punta. Ya cuando el niño va a la escuela va con un estrés pavoroso” afirma la doctora Serrano.
El niño estresado siente que, paulatinamente, se va quedando sin recursos para seguir adelante, tiene un inmenso temor a fracasar y a que todo lo que haga nunca va a ser suficiente. Eso lo lleva a presentar problemas de conducta, bajo rendimiento escolar, además de otros signos físicos y emocionales.
Por eso, no es extraño que el miedo al colegio sea una de las primeras manifestaciones evidentes en este tipo de niños. Aunque no lo expresan directamente, sí es frecuente que se quejen de dolor de cabeza, se coman las uñas, presenten trastornos estomacales al acercarse la hora de partir a la escuela. Si aún así la enfermedad pasa inadvertida para el adulto, el menor es capaz de sobreponerse y se corre el riesgo de que se desencadene otro tipo de patologías asociadas. “Un niño que está bajo presión permanente, sin duda puede desarrollar desde una crisis nerviosa, hasta una depresión”, comenta la terapeuta Beatriz Burgos.
Si queremos eliminar el estrés en nuestros hijos, primero debemos trabajar con nosotros como padres y no convertir a nuestros pequeños en basurero personal. Es verdad que el mundo es un tanto incierto, que existe la competencia, la violencia, pero de nosotros depende que nuestros hijos no sufran de estrés.
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