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Después de años de oír que es un grave error tomar el sol sin la protección adecuada, ahora investigadores de Harvard (equipos de Medicina y Nutrición) se descuelgan diciendo que tan malo es esto como sobreprotegerse de los rayos solares, que son una fuente fundamental para suministrar al organismo vitamina D, la más difícil de conseguir pese a que es vital para tener una buena salud.
La vitamina D contribuye a rebajar el riesgo de hipertensión, diabetes, depresión, osteoporosis, síndrome de fatiga crónica y esclerosis múltiple, entre otras enfermedades. Su carencia está relacionada con diversos tipos de cáncer, con el raquitismo y con la osteoporosis, por lo que desempeña un rol fundamental en todos los aspectos del bienestar.
Desde la primera alerta lanzada por el doctor Giovanucci de la citada universidad, han sido numerosos los epidemiólogos que se están rindiendo a la evidencia de que la necesidad de vitamina D del organismo humano justifica empezar a mirar otra vez al sol con otros ojos. Michael Holick publicó ya en 2003 el libro 'La ventaja de los UV' en el que aconsejaba exponerse más al sol, «la vuelta al sentido común, a una exposición razonable».
La recomendación provocó alguna que otra ampolla, aunque distintos investigadores han insistido en esta línea: para contar con las dosis necesarias de vitamina D, es importante la dieta pero también el sol. De ahí que Holick recomendara «exponer manos, cara, brazos y piernas al sol, sin protección, entre cinco y 15 minutos, tres días a la semana en épocas de sol». Es decir, exposiciones cortas. Luego habría que volver a la protección. Esto sería suficiente, a su juicio, para generar la vitamina D necesaria sin aumentar el riesgo de desarrollar un cáncer de piel.
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