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¿Cuándo se acude a la consulta del médico? Generalmente, cuando se tiene dolor, ya que éste suele ser una advertencia de nuestro cuerpo avisando de que algo no funciona correctamente. Si se trata de un dolor leve y pasajero, no durará más que unas horas, días o, en los casos más graves, pocos meses. Cuando este margen se alarga por encima de los seis meses, se considera que se trata de dolor crónico, un problema que afecta en España a cuatro millones y medio de personas y perjudica su calidad de vida. Aunque no siempre recibe el tratamiento adecuado, tanto este tipo de dolor como el agudo encuentran alivio en un servicio interdisciplinar, las Unidades del Dolor. Estas se dedican en exclusiva no a derrotarlo del todo -misión imposible según los expertos-, pero sí a minimizar las molestias de los pacientes.
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No se hacen milagros, pero casi. Terribles dolores de espalda o punzadas provocadas por la artrosis en fase avanzada son graves molestias que incapacitan a una persona y le afectan en todas las esferas de su vida, pero que tienen sus días contados gracias a las unidades del dolor, servicio médico que trata de combatir esta ‘maldición divina’. El remedio nunca es definitivo porque como señala Concepción Pérez, anestesióloga y jefa de la Unidad del Dolor del Hospital de la Princesa, de Madrid, «esto no es el santuario de Lourdes, que nadie se engañe. El dolor crónico no desaparece, pero sí se puede reducir, y mucho». Este servicio, conocido también como clínicas del dolor, tiene su origen en la idea de un médico anestesiólogo, John Bonica, que tras observar los problemas derivados de los heridos en la Segunda Guerra Mundial, impulsó este servicio en 1953. En 1960, al ser nombrado jefe del servicio de Anestesiología de la Universidad de Washington, en Seattle, creó la primera clínica multidisciplinaria del dolor. En España el tratamiento del dolor como unidad independiente se inició a partir de 1966 de la mano del doctor Madrid Arias, en el servicio de Anestesiología y Reanimación de la Clínica de la Concepción de Madrid. Años más tarde, en 1976, se creó la primera clínica del dolor en Cataluña, en el Hospital Valle de Hebrón de Barcelona, y en 1982 una unidad piloto para el Estudio y Tratamiento del Dolor en el Hospital 12 de Octubre, en Madrid.
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Cada persona experimenta y expresa el dolor de un modo distinto ya que depende de la experiencia individual vital |
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¿Pero qué es el dolor? Todos lo hemos experimentado alguna vez, por lo que en opinión de José María Muñoz, anestesiólogo y jefe de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario La Paz, de Madrid, es innecesario definirlo. No obstante, desde el punto de vista sanitario se suele utilizar una definición de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor que lo describe como «una experiencia individual sensorial y emocional como consecuencia de un daño potencial o real». El dolor es una sensación muy difícil de medir y no hay ningún dato objetivo que permita conocer su intensidad. Como señala Muñoz, la cuestión se hace más complicada aún si se tiene en cuenta que, además, cada persona siente dolor de un modo distinto, por lo que hay tantos dolores como pacientes ya que la experiencia individual vital marca el modo en que se experimenta y se expresa el dolor. Al margen del aspecto sensorial, los dolores son diferentes en función de qué circunstancia lo provoque. Así, como señala Concepción Pérez, existen dolores somáticos, como el que se nota en articulaciones y músculos; dolores de vísceras, el que se siente cuando se padece gastritis; o dolores neuropáticos, los que se producen por alguna lesión en un nervio. Además, el dolor también puede dividirse en agudo o crónico (cuando excede un período de seis meses). Sean de uno u otro tipo, la lucha contra el dolor existe desde el mismo momento en que existe la Medicina, y cualquier médico tiene la obligación de intentar terminar con él. Pero en las Unidades del Dolor, el combate contra el dolor va más allá porque «la función de estas clínicas es el tratamiento del dolor que ya ha sido tratado en otros servicios, pero que por su dificultad o rebeldía necesita un tratamiento más específico», según señala el responsable de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario La Paz. ¿Cómo funciona este recurso?
| Servicio interdisciplinar |
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No hay dos Unidades del Dolor iguales, señalan los expertos, aunque todas siguen los mismos parámetros. Lo ideal, según señala Concepción Pérez y confirma José María Muñoz, es que una unidad especializada como es una Clínica del Dolor, sea interdisciplinar y esté integrada por médicos de distintas especialidades, a cuyo frente está, generalmente, un anestesiólogo. Psiquiatras o neurocirujanos participan también de manera muy activa en el tratamiento del dolor junto a enfermeros, rehabilitadores, farmacéuticos y psicólogos. El protagonismo de los anestesiólogos -asegura Muñoz- está justificado porque al tratarse del control de dolor rebelde hay que recurrir a técnicas específicamente anestésicas, como el uso de los bloques epidurales, infiltraciones o radiofrecuencia. Además, según afirma la especialista del Hospital de La Princesa, estos expertos tienen más experiencia en el manejo de fármacos y en sus posibles combinaciones para mitigar un dolor determinado.
La presencia de personal especializado no es el único requisito necesario para que un servicio asistencial se considere Unidad del Dolor. Así, las Unidades técnicas específicas en Tratamiento del Dolor deben desarrollar una jornada laboral completa a la semana y poseer un espacio físico propio definido. Un segundo nivel son las Unidades Unidisciplinares de Tratamiento del Dolor, que tienen la obligación de contar con dos médicos especialistas y un coordinador médico especialista, además de tener un espacio físico propio. En ellas se deben realizar historias clínicas de los pacientes. Las Unidades Multidisciplinares de Tratamiento del Dolor suponen un paso más, y deben tener dos especialistas médicos distintos, uno de ellos obligatoriamente anestesiólogo o neurocirujano. Además, tienen que contar con un psicólogo o psiquiatra integrado en la unidad y con colaboradores de tres especialidades diferentes. Estas unidades deben ofrecer posibilidades diagnósticas y terapéuticas, y tener protocolos clínicos propios, además de contar con un mínimo de 300 pacientes nuevos al año. Por último existen las Unidades Multidisciplinares para el Estudio y Tratamiento del Dolor, que deben cumplir los requisitos anteriores y además, realizar labores docentes y de investigación.
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Sólo se deriva un paciente a esta unidad especializada cuando se constata que se le ha aplicado un tratamiento correcto y se evidencia que no es suficiente |
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Un servicio de tamaña especialización supone un elevado coste para el centro que lo ofrece, ya que es necesario contar con medios técnicos de primer orden. Sin embargo, Concepción Pérez señala que a pesar de ser caras, las Unidades del Dolor ‘salen rentables cuando se utilizan bien’, aludiendo a la necesidad de que sólo accedan a las mismas los pacientes que realmente padezcan un dolor que deba ser tratado por especialistas. Es decir, como añade el anestesiólogo del hospital de La Paz, cumplir la máxima de que sólo se derivará un paciente a esta unidad especializada cuando se constate que el especialista que lo trata ha aplicado un tratamiento correcto y se evidencie que no es suficiente. Las derivaciones a estas unidades hospitalarias pueden ser de pacientes con dolores agudos, como enfermos quirúrgicos (postoperatorios) y un elevado número de enfermos oncológicos. Pero, de manera mayoritaria, se atienden dolores crónicos como cefaleas y migrañas, dolor de espalda asociado con el paso de la edad, dolor artrítico, y muchas enfermedades específicas que están asociadas con el dolor como diabetes, herpes y algunos tipos de cáncer. José María Muñoz asegura que para los pacientes crónicos, cuyo dolor es estructural y no va a desaparecer, el único remedio posible es el alivio que les proporciona la terapia más adecuada a su molestia, un tratamiento individualizado que produce una mejora significativa de su calidad de vida.
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