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Mientras se trata la enfermedad durante días, semanas, meses o años, el enfermo padece en soledad los síntomas de la enfermedad que alberga su cuerpo, y también el miedo a que el dolor, el malestar, el delirio y la inmovilidad empeoren su estado o lo lleven a la muerte. Se trata de una experiencia ajena al concepto que tenía el gran médico y escritor español Gregorio Marañón de la misión del médico: consolar, escuchando; aliviar el dolor, una vez que éste ha sido interpretado, y no interponerse en el camino de la naturaleza para que pueda sanar.
La ciencia y la medicina modernas han dotado a doctores y enfermeras de muchos conocimientos sobre los síntomas de las enfermedades y sobre cómo erradicarlas. Sin embargo, se echa de menos el consuelo, la escucha y el trato humano que piden los pacientes. Según trabajadores sociales de la unidad de atención al paciente en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, la queja más frecuente de los enfermos es sentirse despojado del papel protagonista que deberían tener en cualquier proceso médico. Se debe a la falta de trato personal y a la falta de información ofrecida a los pacientes con respecto a sus males y a los tratamientos que siguen.
“El miedo se asocia a la soledad y a la incertidumbre”, dice Jovell, haciendo referencia a la ‘logoterapia’ de la que habla el psiquiatra y prisionero nazi Viktor Frankl en “El hombre en busca de sentido”. Esa terapia consiste en buscarle un sentido a la vida como estrategia de supervivencia. En este caso se trataría de convivir de manera pacífica con el miedo, pues éste no se erradica, sino que se aprende a convivir con él. Jovell apunta a la espera como uno de los principales factores que producen miedo.
Por eso, dice que difícilmente se podrá considerar que nuestra sociedad progresa si no es capaz de paliar el miedo y el sufrimiento de los enfermos y sus familiares. Quizá sería exagerado crear unidades de tratamiento del miedo como ya tenemos unidades de tratamiento del dolor en nuestros centros de salud, pero el miedo se tendría que considerar como lo que es: un problema de salud.
En definición de la OMS, la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no simplemente la ausencia de enfermedad o de males. Algunos expertos en medicina concuerdan en que las enfermedades son psicosomáticas; algunos cuerpos ‘hacen’ enfermedades para aliviar tensiones extremas, lidiar con resentimientos y emociones que dejan de ser manejables. La salud es un equilibrio orgánico que requiere de una armonía entre las distintas partes del cuerpo y de la mente. El miedo rompe ese equilibrio por el impacto emocional que tiene, sobre todo si se prolonga indefinidamente. La medicina actual alivia infinidad de dolores, pero a costa del cuerpo y provocando otros malestares y adicciones. Por eso urge una medicina holística que vea el corazón, el hígados y el páncreas como órganos de un todo: la persona. Sobre todo, tener en mente que se trata con enfermos, no con enfermedades. “¿Qué tiene?”, le suele preguntar el doctor al enfermo. Si lo supiera, quizá no estaría en la consulta. Será mejor que nos pregunten: “¿Cómo se siente?” Así sabremos que se ocupan de nosotros y no sentiremos tanto miedo.
Carlos Miguélez es Periodista
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