|
|
Al menos 202 sustancias presentes en el aire, la comida y los objetos son muy peligrosas |
|
|
Llevado a cabo por investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard y por la EScuela de Medicina Mount Sinai (ambas, de los Estados Unidos), y publicado en la última edición de la revista especializada The Lancet, este estudio de estudios se dedicó a examinar sistemáticamente los datos públicos disponibles al respecto para tratar de identificar cuáles son los químicos que más dañan el desarrollo del cerebro
Philippe Grandjean y Philip J. Landrigan compilaron un total de 202 químicos ambientales que se sabe son tóxicos para el cerebro humano. Aunque esto sigue siendo “reducido”, teniendo en cuenta que la cantidad de sustancias que pueden causar neurotoxicidad, de acuerdo con pruebas de laboratorio, son más de 1.000. Y el número crece todo el tiempo: hace solamente 20 años, la cantidad de sustancias neurotóxicas presentes en el aire, las cosas y los alimentos era “apenas” de 750.
Sin seguridad, porque las investigaciones nunca llegan hasta el fondo, se calcula que el 25% de las sustancias que se usan en la industria de todo tipo tienen propiedades neurotóxicas. Lo que, traducido, da como resultado un total de entre 80.000 y 100.000 químicos actualmente en uso en toda la Tierra bajo sospecha de ser capaces de dañar el cerebro humano, especialmente durante su desarrollo.
Los autores de la investigación publicada en The Lancet examinaron los trabajos publicados acerca de las únicas cinco sustancias de la lista que hasta el momento registraban mucha documentación probatoria de su neurotoxicidad: plomo, arsénico, PCB, tolueno y methylmercurio. Y lo que buscaron fue establecer cómo se había llegado a reconocer la toxicidad, y también a controlar su exposición.
Y se toparon con que hay un rasgo similar entre cómo los riesgos de cada sustancia fueron documentados: primero, se reconoció la existencia de toxicidad nerviosa en adultos y luego los episodios de envenenamiento entre chicos; después, una abultada cantidad de evidencia probatoria de que inclusive una baja exposición a dichas sustancias provocan déficits neurocomportamentales en los niños.
"Pero lo que hallamos es que, aún cuando hay una importante cantidad de documentos que avalan la toxicidad de los químicos, lo cierto es que la mayoría de ellos no están bajo ninguna regulación que busque proteger el desarrollo cerebral”, explicó Grandjean. "Sólo unas pocas sustancias, como el plomo y el mercurio, están siendo apenas controlados con el propósito de proteger a los chicos. Los otros 200 químicos que ya se sabe son tóxicos para el cerebro humano no están regulados para prevenir efectos adversos sobre fetos o bebés."
Grandjean y Landrigan llegaron a la conclusión de que los químicos industriales son responsables de lo que denominan “epidemia silenciosa” que ha provocado un mal desarrollo cerebral en millones de niños de todo el mundo. ¿Por qué silenciosa? Porque los efectos subclínicos de los tóxicos químicos individuales no aparecen en las estadísticas de salud.
Los investigadores calculan que el impacto total de la pandemia es mayor de lo que se reconoce. De hecho, más de la mitad de los 202 químicos conocidos como tóxicos analizados por los científicos figuran entre las sustancias más comúnmente usadas.
Solamente en los Estados Unidos de hoy día se estima que los costos económicos provocados por el envenenamiento con plomo en niños es de unos 43.000 millones de dólares anuales, mientras que la toxicidad del methylmercurio provoca gastos de 8.700 millones del verde billete, año a año.
Las pruebas de toxicidad de los químicos suele ser una medida de salud pública altamente eficiente. Sin embargo, menos de la mitad de los miles de químicos que usan comercialmente en la actualidad han sido testeados para comprobar cuál es su nivel de toxicidad aguda y, a esto se suman nuevos químicos que están ahora bajo pruebas pero a cuyos datos no se puede acceder debido a la información secreta de sus propietarios.
Eso, sin tomar en consideración que las pruebas de toxicidad raramente incluyen análisis de influencia en funciones neurocognitivas.
"El cerebro de nuestros chicos es nuestro más precioso recurso, y hasta ahora no hemos reconocido suficientemente cuán vulnerable es. Es imprescindible que comencemos a proteger esas jóvenes mentes y que esto se convierta en una meta de la salud pública. Sólo una vez en la vida tenemos la chance de desarrollar un cerebro humano."
La estrategia, esta vez, pasa por instaurar regulaciones férreas, que después puedan ser flexibilizadas, y no al revés, como sucede actualmente en aquellos países donde se aplican (que no son en general los pertenecientes a zonas como América Latina). La idea es que hay que levantar altísimos muros y que, si el peligro resultara ser inferior al calculado, dichas barreras puedan ir limándose hacia abajo, y no como ahora, que para endurecer restricciones se piden complicadas pruebas.
|