|
FACTORES QUE INFLUYEN EN LA SENSIBILIDAD
- Los genes, los aspectos emocionales y los daños nerviosos influyen en la percepción
- Las personas más sensibles presentan cambios en ciertas áreas cerebrales
Una inyección, una herida... No todos reaccionamos del mismo modo ante un mismo estímulo. Los científicos comienzan a interesarse en los factores que explican por qué los umbrales del dolor varían entre las personas. Así lo deja deja patente una perspectiva publicada en el último número de la revista 'JAMA'.
"La cantidad de daño que se produce [en el cuerpo] y la cantidad de dolor que se manifiesta no están necesariamente conectadas", explica a la revista Irene Tracey, de la Universidad de Oxford (Reino Unido). Tracey y otros científicos analizaron cómo se producen estas diferencias y a qué factores se deben durante la última reunión anual de la Asociación Neurológica Americana.
Las nuevas técnicas de imagen permiten examinar detenidamente el cerebro para desvelar los misterios de la percepción del dolor y sus diferencias entre los individuos. Algunos estudios han comparado la actividad cerebral de personas con sensibilidad al dolor alta o baja.
Mientras en personas con un umbral del dolor bajo (es decir, que sienten muchas molestias al mínimo estímulo) presentan una gran actividad de las zonas del cerebro relacionadas con la percepción del dolor, como la corteza somatosensorial primaria (encargada de procesar la información relacionada con el tacto), la corteza cingulada anterior (relacionada con la percepción y las emociones) y la corteza prefrontal (el área cognitiva por excelencia).
Estas investigaciones indican que realmente las personas más sensibles pueden presentar diferencias biológicas relacionadas con la percepción del dolor. ¿A qué pueden deberse estos cambios? Los investigadores han identificado diferentes factores que pueden estar implicados, como los genes, los aspectos emocionales, las expectativas y los daños en el sistema nervioso.
Cuestión de genes
Según Tracey, las investigaciones sobre las bases genéticas del dolor están empezando a dar sus frutos. Hace sólo unas semanas, un estudio identificaba una frecuente variante genética relacionada con una menor sensibilidad al dolor. El gen contenía información para la producción de un químico esencial en la producción de neurotransmisores.
Otro trabajo realizado en la Universidad de Michigan detectó que una variante genética que afecta al metabolismo de las catecolaminas (los principales neurotransmisores del sistema nervioso, como la adrenalina) influye en la capacidad para liberar opioides endógenos (los analgésicos naturales del organismo).
Los autores de esta investigación, liderados por el profesor de Psiquiatría Jon-Kar Zubieta, siguen investigando cómo se activan los mecanismos opioides durante situaciones estresantes. Zubieta y su equipo trabajan en la comprensión de los trastornos afectivos y otros problemas en los que desempeñan un importante papel los desencadenantes físicos y emocionales.
El aspecto emocional
Precisamente, las emociones y estados de ánimo intervienen en la percepción del dolor. Estudios de imagen han visto que, en pacientes con dolor crónico, las zonas del cerebro relacionadas con la percepción del dolor se activan al mismo tiempo que las áreas relacionadas con las expectativas. De este modo, la anticipación y la ansiedad pueden hacer que una experiencia dolorosa sea peor. Así mismo, unas expectativas positivas pueden hacer que el dolor sea menos patente.
También la cognición influye en la cantidad de dolor percibido. "El dolor capta mucho la atención", comenta Tracey. Esta investigadora ha realizado algunos estudios en los que, si los participantes estaban distraídos, sentían menos molestias al aplicarles calor en la mano. De hecho, las técnicas de distracción comienzan a evaluarse como 'analgésico' durante procedimientos molestos.
Otra razón para no sentir tanto dolor son las motivaciones. "Por ejemplo, cuando aparece un estímulo nocivo, uno puede escapar o suprimir el dolor. Cuando existe una razón para ignorar el dolor, como durante la búsqueda de comida, se liberan opioides endógenos para suprimirlo", explica el artículo de 'JAMA'.
Finalmente, las lesiones o daños en el sistema nervioso pueden agudizar la sensibilidad. Este dolor de origen neuropático es uno de los más difíciles de tratar. Precisamente, los autores confían en que las claves sobre los factores que influyen en la percepción dolorosa contribuyan a mejorar el tratamiento de los pacientes con dolores crónicos.
VIA | El mundo salud |