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Es uno de los autores más citados en la bibliografía internacional con respecto a una enfermedad actual y poco conocida: la fibromialgia. Mexicano de origen y formado como reumatólogo en EE.UU., fue en este último país donde Martínez Lavín acuñó el término fibromialgia,
junto al equipo de Philip S. Hench (Clínica Mayo, Rochester),
refiriéndose a un reumatismo no articular detectado sobre todo en
mujeres. De regreso a México, investigó con profusión la participación
del sistema nervioso autónomo en la fisiopatología de la fibromialgia.
Martínez Lavín visitó España hace escasas semanas, a propósito de un
encuentro nacional de reumatología en Granada, y aprovechó para poner
al día a los especialistas sobre «una enfermedad cada vez mejor
caracterizada, que sigue guardando importantes misterios».
Usted es reumatólogo, pero se encuentra investigando el
sistema nervioso en un instituto de cardiología. ¿Dónde ubicamos la
enfermedad?
La fibromialgia es un trastorno muy común que afecta a cerca
del 2% de la población general. Pensamos que se origina por un mal
funcionamiento del sistema nervioso autónomo, encargado de controlar la
mayor parte de funciones fisiológicas que llevamos a cabo los animales.
Lo hace, además, sin que experimentemos ningún control consciente,
ajeno a nuestra propia voluntad, y de ahí su consideración de autónomo.
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¿Podría explicármelo?
La presión arterial, la frecuencia del pulso cardiaco o el
ritmo de la respiración son algunas de las funciones del sistema, que
incluye una serie de nervios llamados simpáticos que operan a partir de la producción de adrenalina. Como contrapartida, el sistema autónomo dispone de otros nervios, los parasimpáticos,
que actúan como antagonistas de la actividad simpática y regulan
procesos que requieren cierta quietud, como el sueño o la digestión.
Llegué a la conclusión de que la fibromialgia, una enfermedad de
identificación reumatológica, guardaba mucha relación con la actividad
de los nervios simpáticos (ámbito neurológico), cuya mejor
caracterización consiste en la monitorización del ritmo cardiaco
(cardiología).
Para complicar más las cosas la producción de adrenalina incumbe al ámbito de la psiquiatría.
En realidad, el sistema nervioso autónomo actúa como una
'interfaz' de la mente en el cuerpo. Consigue que muchas emociones de
ternura, pánico, tristeza o ira se traduzcan en reacciones fisiológicas
y causen temblores, movimientos bruscos, palidez, dilatación de las
pupilas o taquicardia. En el laboratorio en que actualmente me
encuentro trabajando he podido demostrar que un análisis pormenorizado
de la variabilidad de la frecuencia cardiaca permite discriminar a los
pacientes con fibromialgia de quienes no padecen esta enfermedad. Sin
embargo, no es un reflejo consciente. Los pacientes con fibromialgia
presentan una hiperactividad del sistema nervioso simpático más acusada
durante las horas de sueño.
El síntoma más preocupante de la fibromialgia es el dolor.
En efecto, pero no el único. Aparecen con frecuencia hormigueos
en las extremidades, trastornos abdominales, una necesidad obstinada de
evacuar orina, ansiedad y depresión.
¿Es el reumatólogo el profesional más indicado para tratar la fibromialgia?
Soy de la opinión de que nos hallamos ante una enfermedad
genuinamente neurológica. Sin embargo, el reumatólogo va a ser en
numerosas ocasiones quien diagnostique la enfermedad a partir de un
dolor muscular en las extremidades que tiene mucho en común con otras
dolencias reumáticas.
Se impone un acometimiento multidisciplinario de la enfermedad.
Cuando el paciente desarrolla una actitud combativa y asume un deseo de mejorar aumenta enormemente su calidad de vida
Ciertamente. La fibromialgia es un paradigma de algo cada vez más
cierto en medicina: todas las enfermedades crónicas poseen tanto un
componente físico como mental, sobre todo aquellas enfermedades, como
los reumatismos, en las que el dolor es un factor indisociable.
Cuando era pequeño y me negaba a ir a la escuela
porque me dolían las tripas, me decían que era cuento y me obligaban a
despabilar...
El dolor siempre será una sensación subjetiva y privada, pero
los neurotransmisores del dolor aparecen en concentración muy elevada
en el líquido cefalorraquídeo de las pacientes (puesto que casi siempre
se trata de mujeres) con fibromialgia.
Entonces se puede demostrar.
Sí. Y por otro lado, la enfermedad empeora -y de qué manera-
cuando no somos capaces de empatizar con la paciente. Ésta percibe que
nadie la comprende, se sume en una actitud de amargura y desesperación
y la enfermedad empeora. Por el contrario, cuando desarrolla una
actitud combativa y asume un deseo de mejorar aumenta enormemente su
calidad de vida.
Pero el dolor es difícil de lidiar.
La sensación de dolor suele subrayar que algo no anda bien en
el organismo. Un cólico puede ser síntoma de un conflicto, pero el
dolor neuropático se produce por una alteración intrínseca y específica
de los nervios transmisores del dolor, que en el caso de la
fibromialgia aparecen incesantemente irritados y transmiten un tipo de
dolor que se acompaña de otras sensaciones desagradables: irritación,
hormigueo e hipersensibilidad al tacto. Un simple abrazo o el uso de
ropa muy ajustada pueden causar dolor al enfermo de fibromialgia.
¿Por qué vía interviene la adrenalina en el origen de este dolor neuropático?
En circunstancias normales, la adrenalina no está implicada en
las reacciones de dolor. No obstante, se ha descrito que una liberación
incontrolada de adrenalina puede acabar irritando los terminales
nerviosos del dolor, de forma que se 'averían' de forma permanente.
¿Intervienen los genes?
La fibromialgia tiene un componente genético importante, como
sucede por otra parte en la gran mayoría de las enfermedades
reumáticas. En este sentido, los descendientes de afectados con
fibromialgia podrían llegar a triplicar las posibilidades de padecer,
en un futuro, la enfermedad. El equipo liderado por Vargas-Alcorcón ha
llevado a cabo recientemente un estudio de distribución en porcentaje
de haplotipos (constitución genética de un cromosoma individual) en
pacientes con fibromialgia y controles sanos de España y Méjico.
Curiosamente, los cuatro haplotipos identificados (ACCG, ATCA, GCGG y
GTGA) están mucho más presentes en pacientes y controles españoles que
en mexicanos. Ningún mexicano, por ejemplo, expresó en el estudio un
haplotipo GTCA.
¿Cómo se trata a los pacientes?
Ante todo, con comprensión y sensibilidad. Clínicamente,
deberemos centrarnos en un acometimiento integral, prodigando
ejercicios físicos que disminuyan el tono simpático (son muy
beneficiosas algunas técnicas orientales como el yoga o el tai-chi),
desarrollando recursos de aurorrelajación y también vigilando las
dietas que incorporen al organismo sustancias análogas a la adrenalina
(hormonas de la carne o la leche).
En la actualidad no existe ningún tratamiento específicamente
aprobado para la fibromialgia, aunque varios fármacos antidepresivos,
anticonvulsivos, analgésicos e hipnóticos hayan demostrado en estudios
preliminares una cierta eficacia para el control y la paliación de los
diversos síntomas de esta enfermedad. Aún así, se calcula que sólo el
30% de los pacientes responde de forma satisfactoria a tales
tratamientos.
¿Qué futuro aguarda a la enfermedad?
Seguimos inmersos en un duro trabajo por afianzar mejor el
reconocimiento clínico de la enfermedad. Poco a poco vamos desgranando
factores etiopatogénicos clave, como la presencia de un estado
hiperadrenérgico, hiperactividad simpática, deterioro de la médula
espinal e hiporreactividad. A la hora de tratar, los intentos de
plasmar una terapia reduccionista han fallado. Son tan múltiples los
síntomas que resulta imposible controlar la enfermedad por la vía
sintomática; la ecuación de una pastilla para cada síntoma que aparezca
no está dando buenos resultados.
¿Qué funciona mejor con estos pacientes?
Sé que uno no espera este tipo de comentarios por parte de un
investigador clínico, pero la medicina llamada holística da resultados
más satisfactorios que la galénica convencional. Se trata de armonizar
el principal sistema adaptativo de estos enfermos, que es muy complejo,
mediante terapia en grupo, terapia cognitivo-conductual, ejercicio
aeróbicos, disciplinas orientales de relajación y ejercicios
respiratorios.
MODULADORES DE NEUROTRANSMISIÓN
El escepticismo de Manuel Martínez Lavín frente a los tratamientos
farmacológicos para la fibromialgia contrastó, en el encuentro de la
Sociedad Española de Reumatología (SER) de Granada, con el flamante
anuncio de un nuevo grupo de fármacos moduladores de la
neurotransmisión cerebral. Estos fármacos han sido ya sometidos a
distintos ensayos clínicos y aguardan tan sólo un análisis de
resultados, para poder ser aprobados por las agencias internacionales
del medicamento con una indicación específica para el tratamiento de la
fibromialgia.
Según el coordinador del Comité de Asuntos Científicos de la SER,
Javier Rivera (Hospital Universitario Gregorio Marañón, Madrid), «se
calcula que estos tratamientos estarán disponibles para los pacientes
en uno o dos años, y supondrán un avance importante en el tratamiento
actual de la enfermedad, ya que se calcula que un 60% de los enfermos
podría responder adecuadamente». La fibromialgia no es precisamente una
enfermedad menor, por poco conocida. Afecta a casi un millón de
personas en España y se caracteriza por un dolor músculoesquelético
generalizado y difícil de valorar, puesto que el paciente percibe como
dolorosos estímulos que habitualmente no lo son.
Se acompaña asimismo de trastornos en el sueño, jaquecas y malestar
general. En los últimos años se ha advertido un incremento importante
de esta enfermedad entre la población, gracias a un perfeccionamiento
de las técnicas diagnósticas, una mayor conciencia social de los
pacientes y un estilo de vida cada vez más estresante, factor que
contribuye al empeoramiento sintomático de la fibromialgia. La
enfermedad se ha solapado muchas veces bajo un inexacto síndrome de la
fatiga crónica, algo que ha despistado a médicos y pacientes, cuya vida
laboral puede haber quedado resentida.
A lo largo de la historia más reciente, recuerda Rivera, ha habido
médicos que han atribuido cuadros de fibromialgia a exageraciones
motivadas por la vagancia y la apatía, lo que sólo ha contribuido a
agravar los problemas psicológicos del enfermo. ¿Patria picaresca? Sólo
el 11,5% de los españoles con fibromialgia tiene reconocida una
incapacidad laboral, frente al 25% de otros países europeos de nuestro
entorno. «Esto origina que muchos pacientes soliciten la baja por causa
de otras enfermedades concomitantes, lo que desfigura la realidad
epidemiológica de este trastorno».
Fuente: www.consumer.es |