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ACTUALIZACION SOBRE EL SINDROME DE FATIGA CRONICA POSINFECCIOSO
Sydney, Australia
El síndrome de fatiga posinfeccioso presenta manifestaciones clínicas comunes a muchas infecciones virales y no virales.
BMJ 333(7568):575-578 Sep, 2006
Autores:
Hickie I, Davenport T, Lloyd A
Institución/es participante/s en la investigación:
Sydney University, Sydney, Australia Título original:
Post-Infective and Chronic Fatigue Syndromes Precipitated by Viral and Non-Viral Pathogens: Prospective Cohort Study
Título en castellano:
Síndrome
de Fatiga Crónica y Síndrome de Fatiga Crónica Posinfeccioso
Precipitado por Patógenos Virales y no Virales: Estudio de Cohorte
Prospectivo
En general, el síndrome
de fatiga crónica se asocia con enfermedades infecciosas agudas. Sin
embargo, muchos estudios de casos y controles no encuentran una
asociación clara entre el síndrome de fatiga crónica y los agentes
infecciosos. No obstante, la fatiga posterior a cuadros infecciosos se
relaciona con una amplia variedad de infecciones graves. Se necesitan
estudios prospectivos poblacionales para determinar los síntomas
principales y la evolución natural del síndrome de fatiga
posinfeccioso, identificar los factores de riesgos demográficos,
microbiológicos, inmunológicos y fisiológicos y establecer los agentes
capaces de precipitar el síndrome de fatiga crónico.
Métodos
El
estudio se realizó en una zona rural al suroeste de Australia con la
colaboración de 94 médicos de familia y 4 laboratorios de diagnóstico
que proveyeron los resultados serológicos frente al virus de
Epstein-Barr, fiebre Q e infecciones por el virus Ross River. Los
autores incluyeron pacientes mayores de 16 años luego de realizar
historial médico y excluyeron individuos con síntomas por más de 6
semanas, con enfermedades clínicas preexistentes o que recibieran
medicamentos. Los participantes fueron controlados a las 3 y 6 semanas,
a los 3 meses y al año. En cada control se evaluó la salud física y
psicológica con un cuestionario (SPHERE) y se extrajo sangre. También,
a través de una subescala (SOMA), se identificaron las características clínicas sobresalientes del estado de fatiga prolongado.
Los
casos fueron asignados como tales si al término de 3 meses presentaban
un puntaje de SOMA mayor de 3 (puntaje máximo 12). Luego de 6 meses,
los autores invitaron a los casos y a los controles, similares en edad
y sexo y que se habían recuperado rápidamente de la misma infección,
para realizar examen físico, psiquiátrico y una evaluación de
laboratorio. Los médicos y psiquiatras diagnosticaron síndrome de
fatiga crónica a los 6 meses y los autores confirmaron el diagnóstico
serológico inicial con otra muestra de suero en la convalecencia.
Además, realizaron distintos análisis estadísticos para obtener los
resultados del estudio.
Resultados
De las 855
notificaciones provenientes del laboratorio, los autores se contactaron
con 430 y, de éstos, 253 pacientes accedieron a la evaluación
longitudinal. Los factores demográficos de la cohorte principal fueron
consistentes con los patrones esperados para estos patógenos.
Se
hallaron 4 factores relacionados con las dificultades físicas y
mentales: fatiga, dolor musculoesquelético, cambios del estado de ánimo
y alteraciones neurocognitivas, además de la “enfermedad aguda” e
“irritabilidad”. La fatiga tuvo una relación estrecha y consistente con
la deficiencia funcional.
La incidencia de casos provisorios de
síndrome de fatiga posinfeccioso fue de 35% a las 6 semanas, de 27% a
los 3 meses, 12% a los 6 meses y de 9% al año. Los índices de
diagnósticos psiquiátricos fueron similares en los casos confirmados de
síndrome de fatiga posinfeccioso y en los controles pareados
determinados por una evaluación psiquiátrica a los 6 meses.
Si la
misma fisiopatología respaldara todos los aspectos clínicos de la
enfermedad infecciosa aguda y el estado de fatiga posinfeccioso se
podría predecir una resolución uniforme de todos los síntomas en el
tiempo. Los autores encontraron una variación sustancial. De los 28
casos confirmados de síndrome de fatiga posinfeccioso, el puntaje
promedio de la enfermedad aguda disminuyó a 0, mientras que el puntaje
promedio de fatiga, dolor musculoesquelético y molestias
neurocognitivas permaneció elevado. Se observó una rápida resolución de
la enfermedad aguda y de la irritabilidad, mientras que la fatiga y las
molestias neurocognitivas desaparecieron sólo al final de la
enfermedad. Estas diferencias fueron más notorias al inicio y a los 3
meses de la evaluación. Los autores no encontraron diferencias
significativas entre los 3 y 6 meses del estudio, lo que sugiere una
estabilización de los síntomas con el tiempo. El único síntoma que
mostró diferencias significativas en la prevalencia e historia natural
durante el período posinfeccioso temprano fue el dolor
musculoesquelético. El síntoma central del síndrome de fatiga
posinfeccioso no difiere entre los grupos en estadios posteriores de la
evaluación.
Las características demográficas no predijeron los
puntajes de los 6 síntomas informados al inicio del estudio. Los
predictores del síndrome de fatiga posinfeccioso al año de la infección
aguda se limitaron a los puntajes de los factores que reflejan la
gravedad de la enfermedad en su etapa aguda. Los trastornos
psiquiátricos intercurrentes y premórbidos no tuvieron poder predictivo
para el síndrome de fatiga posinfeccioso en ningún momento del estudio.
Discusión
La fatiga prolongada luego de una infección
es frecuente e invalidante y puede persistir por un año o más. Si bien
los agentes infecciosos de la enfermedad aguda varían, el fenotipo
clínico del síndrome de fatiga posinfeccioso es común para todas las
etiologías. El único factor predictivo de este síndrome fue la gravedad
de la enfermedad durante la etapa aguda.
Según los autores, el
presente estudio provee información fuerte acerca del papel de las
infecciones como desencadenantes del síndrome de fatiga crónica. El
índice de fatiga crónica posinfeccioso (6%) encontrado en esta
investigación a los 6 meses fue similar a otros estudios de cohorte. En
general, este síndrome aparece luego de infecciones por el virus de
Epstein-Barr, virus Ross River y fiebre Q pero no después de
infecciones respiratorias altas banales o gastroenteritis. Sin embargo,
los autores señalan que el determinante principal del síndrome
posinfeccioso es la gravedad de la enfermedad aguda y no el patógeno
causal.
A diferencia de otros estudios, los investigadores
contaron con casos confirmados por estudios serológicos, evaluados por
fatiga crónica con criterios estrictos de diagnóstico, y excluyeron
participantes con trastornos psiquiátricos u otras alteraciones
clínicas.
El tamaño de la muestra evaluada no permitió la
exclusión de factores de riesgo para el síndrome en estudio. Los
participantes del ensayo estuvieron sesgados por la gravedad de la
enfermedad registrada por los médicos clínicos.
Por último,
concluyen los expertos, los pacientes con síndrome de fatiga
posinfeccioso constituyen un subgrupo importante del síndrome de fatiga
crónica.
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