La fortaleza de los pacientes con enfermedad crónica
RESUMEN
El propósito del estudio fue determinar el grado de
correlación entre los niveles de fortaleza para la salud y de
ansiedad-rasgo, en una muestra de 200 pacientes integrada por medio de
muestreo no probabilístico; los criterios de inclusión fueron: adultos
de ambos géneros diagnosticados con enfermedad crónica, con estudios de
enseñanza básica y orientada. El marco teórico que guió la
investigación es el Modelo de Adaptación de Roy. El diseño fue
descriptivo, transversal, correlacional. Se utilizó el cuestionario de
fortaleza de S. Pollock y la escala de autoevaluación de ansiedad-rasgo
de Spielberger; los instrumentos presentaron una consistencia interna
aceptable con un Alpha de Cronbach de ,852 y ,813 respectivamente. La
información se recabó de cuatro instituciones de salud ubicadas en los
municipios de Tampico-Cd. Madero Tamaulipas, México. El análisis de los
datos se efectuó mediante estadística descriptiva e inferencial, se
utilizó el paquete estadístico SPSS versión 13. El rango de edad que
predominó fue de 45 a 64 años (54 % ); el 55 % fue del sexo femenino,
el 48 % cuenta con estudios de primaria, cerca del 90 % padece de una
enfermedad metabólica. El coeficiente de correlación de Spearman entre
la fortaleza para la salud y la ansiedad-rasgo fue significativo
(.,570, valor .p,000). En la mayoría de la población participante se
encontró un nivel moderado tanto de fortaleza (83 % ) como de ansiedad
(73 % ). El análisis de regresión múltiple indicó que la relación
significativa entre estas dos variables no es afectada por la edad, el
género o los años de evolución de la enfermedad crónica. Los datos de
este estudio muestran evidencia de que en los pacientes con
enfermedades crónicas a mayor nivel de fortaleza menor nivel de
ansiedad-rasgo. Esta situación invita a desarrollar más estudios de
estos fenómenos, en la disciplina de enfermería, que sirvan como
sustento teórico-práctico para el diseño o la mejora de protocolos de
atención en esta dimensión humana.
PALABRAS CLAVE
Ansiedad, autopercepción, enfermedad crónica, estrés psicológico. (Fuente: DeCS, Bireme).
1 Facultad
de Enfermería, Campus Tampico, Universidad Autónoma de Tamaulipas,
Matamoros 8 y 9 Col. Centro C.P. 87000 CD. Victoria Tamaulipas, México
2 Lehman Collage of Nursing, 431 Gillet Hall, 250 Bedford Park Blvd. West Bronx , N.Y. 10468 Estados Unidos
The Strengh's of Chronically Ill Patients
ABSTRACT
The study was intended to determine the degree of
correlation between levels of strength for health and state-trait
anxiety in a sample of 200 patients created through non-probabilistic
sampling. The following were the inclusion criteria: adults of both
genders who have been diagnosed with a chronic illness and have a basic
and occupationally-oriented education. The Roy Adaptation Model was
used as the theoretical framework for the study. The design was
descriptive, transverse and correlational. S. Pollock.s strength
questionnaire was used, along with Spielberger.s self-assessment scale
for state-trait anxiety. The instruments showed an acceptable internal
consistency with a Cronbach alpha of .852 and.813 respectively. The
data were collected from four health-care institutions in the towns of
Tampico and Ciudad Madero , Tamaulipas , Mexico , and analyzed by means
of a descriptive and inferential statistical study. SPSS, Version 13,
was the statistical package used. The predominant age range was 45 to
64 years (54 % ); 55 % of the sample is female, 48 % has a primary
education, and nearly 90 % has a metabolic illness. The Spearman
correlation coefficient between strength for health and state-trait
anxiety was significant (..570, value .p .000). Most of the
participating population showed a moderate level of strength (83 % )
and anxiety (73 % ). According to the multiple regression analysis, the
significant relationship between these two variables is not affected by
age, gender or evolution of the chronic illness in terms of years.
According to the data from the study, the greater the strength level
among patients with chronic illnesses, the less the state-trait anxiety
level. This suggests the need for further studies on these phenomena in
the field of nursing, so as to provide theoretical-practical support
for the design or improvement of care protocols focused on this aspect
of human life.
KEY WORDS
Anxiety, self concept, chronic disease, stress psychological.
A fortaleza dos pacientes com doença crônica
RESUMO
O estudo determina o grau de correlação entre os
níveis de fortaleza para a saúde e de ansiedade-rasgo numa amostra
nãoprobabil ística de 200 pacientes. Os critérios de inclusão foram
adultos de ambos gêneros diagnosticados com doença crônica, com estudos
de ensino primário e orientado. O Modelo de adaptação de Roy foi o
marco teórico da pesquisa. O desenho foi descritivo, transversal,
corelacional. Foram utilizados o questionário de fortaleza de S.
Pollock e a escala de auto-avaliação de ansiedade-rasgo de Spielberger.
A coerência interna dos instrumentos foi aceitável, com um Alpha de
Cronbach de.852 y.813, respectivamente. A recolha de informação foi
levada a cabo em quatro instituições de saúde situadas nos municípios
de Tampico-Ciudad Madero, Tamaulipas, México. Foi aplicada estatística
descritiva e de inferência utilizando o paquete estatístico SPSS,
versão 13. O rango de idade predominante foi de 45 a 64 anos (54 % ); o
55 % foi de sexo feminino; o 48 % tem estudos primários; cerca de 90 %
sofre uma doença metabólica. O coeficiente de co-relação de Spearman
entre a fortaleza para a saúde e a ansiedade-rasgo foi significativo
(..570, valor .p.000). A maior parte da população participante
apresenta um nível moderado de fortaleza (83 % ) e de ansiedade (73 %
). A análise de regressão múltipla revelou que a relação significativa
entre estas duas variáveis não é afetada por a idade, o genro ou os
anos de evolução da doença crônica. Os dados deste estudo indicam que
os pacientes com doenças crônicas têm menor nível de ansiedade-rasgo
quando apresentam maior nível de fortaleza. Esta situação demanda mais
estudos de estes fenômenos na disciplina da enfermagem, que sirvam como
apoio teórico-prático no desenho e melhoramento de protocolos de
atenção nesta dimensão humana.
PALAVRAS-CHAVES
Ansiedade, auto-imagem, doença crônica, estresse psicológico.
Introducción
Como en muchas otras partes del mundo, en México el
cambio epidemiológico y demográfico se ha producido con tal velocidad,
que conlleva mayores probabilidades de que las personas que vivan más
presenten enfermedades crónicas. Un indicador acerca del tipo de
problemas de salud más frecuentes en una población lo constituye la
mortalidad; en este sentido, en 2003, en México, entre las 10 primeras
causas de mortalidad en mujeres, ocuparon los tres primeros lugares la
diabetes mellitus con una tasa de 61,6 (por 100 000 habitantes), las
enfermedades isquémicas del corazón con 43,5, y las enfermedades
cerebrovasculares con tasa de 27,2. En cuanto al género masculino, en
ese mismo año ocuparon el primer lugar como causa de defunción las
enfermedades del corazón con una tasa de 54,0, seguidas de la diabetes
mellitus con 51,6, y en tercer lugar la cirrosis y otras enfermedades
crónicas del hígado con una tasa de 39,5 (1). En 2003, el porcentaje de
defunciones generales de 30 a 64 años tuvo como principales causas: los
tumores malignos con 16,0 % , la diabetes mellitas con 15,5 % , y las
enfermedades del corazón con 12,5 % (2).
Respecto a la mortalidad por enfermedades crónicas,
en el estado de Tamaulipas, en el año 2002, en las mujeres fueron las
mismas causas que a nivel nacional con una tasa de 88,1, 70,3 y 36,9
respectivamente. Respecto a los hombres, en primer lugar fueron las
enfermedades del corazón con una tasa de 110,6, en segundo lugar la
diabetes mellitas con 90,9, y las enfermedades cerebrovasculares
ocuparon el tercer lugar con una tasa de 41,9 (3).
Los padecimientos crónicos se relacionan con
síntomas de incapacidad que conducen a diversos grados de dependencia y
requieren de terapéutica a largo plazo, en donde se incluye aprender a
vivir con las limitaciones y continuar con los regímenes diseñados para
controlar las manifestaciones clínicas, así como para prevenir las
complicaciones (4). Asociado a lo anterior, Pinto (citado por Medina
López) (5) señala que . los individuos en situación de cronicidad están
devaluados, carecen de roles sociales y son de preferencia invisibles
para el resto de la sociedad . . Aunado a esto, Aguilar Figueroa
(citado por García Tafolla) (6), manifiesta que las enfermedades
crónicas repercuten en la autopercepción del paciente, afectando el
autoconcepto, por tanto, se puede decir, actúan como un estímulo
estresor que afecta física y emocionalmente a las personas; siendo la
ansiedad la alteración de mayor incidencia, se conceptúa como la
respuesta fisiológica, psicológica y de comportamiento de un sujeto que
busca adaptarse y reajustarse a presiones tanto internas como externas
(7).
Spielberger (8) menciona dos dimensiones distintas
de la ansiedad: la ansiedad-estado como una fase emocional momentánea
del organismo humano, y la ansiedad-rasgo en función de las diferencias
individuales para responder a situaciones percibidas como amenazantes.
Cada persona tiene una manera particular de
responder frente a un estresor e, independientemente del resultado, la
respuesta adaptativa requiere tiempo y esfuerzo. Entre los recursos que
utilizan los individuos para afrontar los estados de estrés-ansiedad
que les genera el vivir con una enfermedad crónica está el grado de
fortaleza que poseen, concepto definido por Pollock (citado por Martín
y cols.) (9) como un conjunto de carácterísticas de la personalidad que
funcionan para amortiguar los efectos negativos de los factores
estresantes asociados con la experiencia de la enfermedad crónica. En
varios estudios reportados por este autor señala los resultados
positivos encontrados en cuanto al uso y la asociación de la escala
HRHS con niveles de salud percibidos y con aspectos de adaptación (10,
24).
Las personas con enfermedades crónicas han sido
estudiadas en diversos aspectos; sin embargo, en México son escasas las
investigaciones en las que se asocian con la fortaleza como una
característica de la personalidad y con el grado de ansiedad que
pudiera generar, situación por la cual se realizó el presente estudio,
formulando la siguiente pregunta de investigación: ¿ cuál es la
relación entre el nivel de fortaleza para la salud y el nivel de
ansiedad- rasgo en los pacientes adultos con enfermedad crónica? La
hipótesis fue: a mayor fortaleza para la salud menor nivel de ansiedad
en los pacientes con enfermedades crónico-degenerativas. El propósito
del estudio fue identificar si existe correlación significativa, desde
el punto de vista estadístico, entre fortaleza y ansiedad, e
identificar en qué proporción las variables demográficas seleccionadas
pueden afectar esta asociación en personas adultas y usuarios de los
servicios clínicos de cuatro instituciones de salud en los municipios
de Tampico-Cd, Madero Tamaulipas. El marco teórico que sustentó el
trabajo de investigación fue el Modelo de Adaptación de Callista Roy,
en donde la ansiedad y la enfermedad crónica se identificaron como el
estímulo focal, generador de estímulos contextuales que afectan los
cuatro modos adaptativos de la persona generando una respuesta positiva
o desfavorable en la calidad de vida de los individuos.
Revisión de literatura
El concepto del estrés no es nuevo, pero fue sólo
hasta principios del siglo XX cuando las ciencias biológicas y sociales
iniciaron la investigación de sus consecuencias en la salud física y
mental de las personas. Lazarus (citado por Lewis) (11) definió el
estrés psicológico, como una relación particular entre la persona y el
medioambiente, esta interacción es evaluada cognitivamente por el
sujeto, quien puede apreciar diferentes resultados al hacer frente a
los estresares, lo cual depende tanto de factores condicionantes como
de la forma en que son percibidos y del significado personal atribuido
a la demanda. Un componente integral de este modelo transaccional, de
acuerdo con Lazarus (11), son las emociones, tales como la ira, el
miedo, la tristeza y la ansiedad.
Se considera que una persona está en una situación
estresante o bajo un estresor cuando se enfrenta a situaciones que
implican demandas conductuales que le son difíciles de poner en
práctica o satisfacer. Es decir, depende tanto de las demandas del
medio como de sus propios recursos para enfrentarse a él (Lazarus y
Folkman, 1984, citado por Alonso Gaeta) (7).
Lewis (11) define los recursos de afrontamiento como
las características o acciones encaminadas a controlar el estrés, éstas
incluyen factores de la persona (salud, valores, creencias, capacidades
individuales) o del medioambiente (redes sociales, recursos económicos
e institucionales). Por consiguiente, se puede decir que afrontar es un
proceso independiente del resultado, el cual consistirá en una
respuesta que puede ser positiva o negativa (Lazarus y Folkman, citados
por Quelopana del Valle) (12).
Por su parte Selye (citado por Isaacs) (13), en su
teoría denominada Síndrome de Adaptación General, afirma que cuando hay
estrés, el sujeto pasa por una serie de respuestas predecibles
(reacción de alarma) independientemente de cuáles sean los factores
estresantes.
La ansiedad también afecta la capacidad de
enfrentarse al estrés, la de aprender y la de centrarse sobre un campo
perceptivo (13). Sin embargo, al incrementar el estado de alerta y la
capacitación, la ansiedad aporta energía que puede ser constructiva. Se
conceptúa como una respuesta subjetiva al estrés; es una sensación de
aprensión, incertidumbre o temor como consecuencia de una amenaza real
o percibida cuyo origen real se desconoce o no es reconocido (13). El
término ansiedad proviene del latín anxietas , que significa congoja o
aflicción; consiste en un estado de malestar psicofísico (14). Se puede
clasificar en varios grados; Gordon (15) la clasifica en ansiedad leve,
moderada y severa,
Se considera que una
persona está en una
situación estresante o bajo
un estresor cuando se
enfrenta a situaciones que
implican demandas
conductuales que le son
difíciles de poner en práctica
o satisfacer.
y se diferencian por el aumento del nivel de alerta
asociado con la expectativa de una amenaza hacia la persona o el
entorno. Para la resolución de este problema emocional McCloskey y
Bulechek (16) proponen, entre otras intervenciones, aumentar el
afrontamiento, técnicas de relajación, distracción, enseñanza
individual, facilitar las visitas y grupos de apoyo.
Respecto al concepto de fortaleza, en 1979 Kobasa
(citado por Wang) (17) y lo definió como un constructo personal que
incluye actitudes, creencias y conductas. Lo describió como un aspecto
de la personalidad que almacena los efectos del estrés en la salud.
También lo identificó como un constructo compuesto por tres
subconceptos relacionados: control, compromiso y reto (18) (citado por
Low).
Pollock (citado por Kenneally) (19) extendió el
constructo de fortaleza para estudiar la adaptación en enfermedad
crónica, es decir, propuso asociar la fortaleza al contexto de salud y
enfermedad. La escala de fortaleza (HRHS, siglas en inglés) la refinó
en tres subescalas que miden compromiso, control y reto. La primera
dimensión se refiere a la motivación y a la habilidad para hacer frente
a estresores de la salud, la segunda dimensión fue definida como la
habilidad en la valoración e interpretación de los estresores de la
salud. El reto, como tercera dimensión, se enfoca en la valoración del
estresor como un potencial que produce crecimiento (Pollock, citado por
Kenneally) (19).
Pollock (10) afirma que el constructo de fortaleza
relacionada con la salud, difiere del concepto genérico de fortaleza de
Kobasa en dos sentidos: por el uso de definiciones específicas de salud
para la medición de las tres dimensiones, y por la medición de la
presencia, en vez de ausencia, de esos tres conceptos para determinar
la fortaleza. Adicionalmente, introdujo el concepto de estresor para
facilitar la investigación relacionada con la salud.
En otros enfoques de personalidad relacionados con
fortaleza, por ejemplo, Constantini y cols. (citados por Low) (18)
discuten como características de una personalidad fuerte, la
flexibilidad cognitiva y de comportamiento, la motivación para el
manejo exitoso de planes, y la resistencia bajo estrés. En tanto que
Lee (citado por Low) (18) señala que el individuo sano muestra cuatro
rasgos de personalidad: a) resistencia, como la firmeza psicológica o
fisiológica para continuar; b) fortaleza, como la habilidad para
resistir el estrés, la dificultad; c) la audacia, equivalente a
valentía, atrevimiento, y d) el control, definido como la habilidad de
ejercer autoridad o influir.
Marco teórico
Esta investigación se respaldó en el Modelo de
Adaptación de Callista Roy. La ansiedad- rasgo, definida como las
diferencias entre las personas en la disposición para responder a
situaciones de tensión (8), se identificó como el estímulo focal que
afecta al individuo en su totalidad, manifestándolo por diversas
alteraciones; en términos generales, una enfermedad crónica, también
calificada como estímulo agresor, en el modo fisiológico del paciente
puede desencadenar limitaciones físicas y deformidades que dificultan
el desarrollo de las actividades de la vida diaria; se enfrenta a
restricciones en los hábitos alimenticios; esto repercute en su
apreciación como persona, generando sentimientos de minusvalía e
inseguridad en su autoestima y autoconcepto, lo que redunda en forma
negativa en el desarrollo de sus roles en el ámbito familiar, laboral y
social. Por consiguiente, su modo de interdependencia se acentúa hacia
un mayor grado de dependencia, con la consiguiente debilidad en la toma
de decisiones y en su autonomía. Esta situación de salud genera
estímulos contextuales, en donde el sujeto interactúa según sus
características personales (perfil demográfico) y, en este caso
particular, en el nivel de fortaleza que posee. Constructo que se
define como un conjunto de rasgos de la personalidad que funcionan como
amortiguador de los efectos estresantes negativos asocia dos a la
experiencia de cronicidad (9).
Respecto al concepto de
fortaleza, en 1979 Kobasa
lo definió como un constructo
personal que incluye
actitudes, creencias y
conductas. Lo describió
como un aspecto de la
personalidad que almacena
los efectos del estrés
en la salud.
Al hacer frente a estos estímulos internos y
externos, el individuo podría mediar la severidad del deterioro
fisiológico y psicológico de la enfermedad crónica lo cual le
permitiría alcanzar un grado de adaptación en su situación de
salud-enfermedad, dándole un sentido a su vida y regulando respuestas
adaptativas en el sistema.
Estudios relacionados
Boytell (citado por Pollock) (10), realizó una
investigación en adultos hispanos con hepatitis crónica tipo C. La
variable fortaleza fue significativamente relacionada con el nivel de
salud percibida y con ciertos aspectos de adaptación psicosocial. No se
encontró relación significativa con las variables demográficas de edad,
sexo, educación o estatus marital. Resultado similar detectó Harris
(citado por Pollock) (10) en pacientes angloamericanos y afroamericanos
que recibían quimioterapia; no se reportaron diferencias significativas
en la HRHS con relación a las variables de etnicidad, enfermedad o
tratamiento.
Ross (citado por Pollock) (10), halló correlación
significativa entre fortaleza y aceptación al tratamiento de diabetes
mellitus; encontró también que la HRHS explicó el 36 % de la varianza
en los puntajes de conformidad. Huckestein (citado por Pollock) (10),
en un estudio con sobrevivientes de trauma, de diversas nacionalidades,
encontró que altos niveles de fortaleza relativa a la salud estaban
relacionados con altos niveles de adaptación, esta variable fue medida
por ajuste psicosocial, adaptación psicológica y orientación del
cuidado de salud. El empleo, fue la única variable demográfica
significativamente relacionada con la HRHS.
Nicholas y Webster (citadas por Pollock) (10),
desarrollaron un estudio con adultos mayores en donde la fortaleza, las
prácticas de autocuidado, el índice de enfermedad y dos variables
demográficas (mayor ingreso, vivir con otras personas) determinaron el
56 % de la varianza en el estatus de salud percibida. Otro estudio
sobre esta variable fue el de Chiang (citado por Pollock) (10), quien
lo relacionó con la percepción del estrés, y la fortaleza en una
muestra taiwanesa de cuidadores de pacientes que habían presentado paro
cardiaco. Los resultados reportaron que a mayor nivel de fortaleza,
menor el estrés y mayor el estatus de salud percibidos en los
integrantes de la muestra. Los niveles de fortaleza, el estrés y el
nivel educativo representaron el 60 % del total de varianza al predecir
el estatus de salud de los cuidadores.
Pollock (20) utilizó la escala HRHS en un estudio de
factores que promovían la adaptación en 60 adultos con enfermedad
crónica, distribuidos en tres grupos de igual tamaño con diagnóstico
médico de diabetes mellitus, hipertensión arterial y artritis
reumatoide, respectivamente. La correlación de Pearson para la
fortaleza en los adultos diabéticos reveló relación significativa con
la adaptación psicológica (r=,43, p<,05) y adaptación psicosocial
/r=,62, p<,01), además se encontró una relación significativa entre
estos dos tipos de adaptación en los sujetos con diabetes, mientras que
para los otros dos grupos de pacientes esas adaptaciones se reportaron
como dominios independientes. El autor considera que actividades
psicosociales específicas pueden ser factibles por la presencia de
fortaleza, apoyando así los efectos indirectos de la fortaleza en la
adaptación. En otro estudio, Pollock (20) investigó la adaptación
psicológica en relación con los patrones de afrontamiento, fortaleza y
características sociodemográficas, en una muestra de 110 adultos con
diabetes mellitus tipo 1; el 56 % de la varianza fue dada por cinco
variables (valoración de la diabetes como daño y beneficio, combinación
de patrones desde el afrontamiento, fortaleza, participación en
programas de educación y el tiempo transcurrido de diagnóstico). Se
concluyó que la percepción individual del estresor y las estrategias de
afrontamiento usadas se relacionaron significativamente con la
presencia de fortaleza lo cual predijo la adaptación a la enfermedad
crónica.
Huckestein en un estudio con
sobrevivientes de trauma, de
diversas nacionalidades,
encontró que altos niveles de
fortaleza relativa a la salud
estaban relacionados con
altos niveles de adaptación.
Pollock (20) también aplicó la escala HRHS en una
muestra conformada por 244 adultos quienes se describían como sanos, no
obstante, el 43 % presentaba una enfermedad crónica. Se encontró
correlación significativa entre la fortaleza y altos niveles de salud
percibidos (r =,28, p<,05), entre fortaleza y participación en
actividades de promoción de la salud (r =,23, p<,05) y en el uso de
recursos (apoyo social) y la presencia de fortaleza (r=,45, p<,05).
Estos resultados apoyaron los efectos indirectos de la fortaleza en el
proceso de adaptación.
Medina (5) llevó a cabo un estudio de corte
cualitativo con el propósito de observar y comprender la vivencia de
una enfermedad crónica; participaron ocho personas con edades entre 56
y 69 años que asistían a consulta externa en un hospital universitario
de Puebla, México, y siete informantes generales: familiares y amigos.
Cada informante clave se entrevistó seis veces en un lapso de cuatro
meses. Todos los pacientes coincidieron en expresar que viven una
experiencia única, un cambio en todos los aspectos de su vida; se
sienten devaluados, tienen miedo de las complicaciones y de la muerte.
Solamente dos personas perciben esa experiencia como positiva, les ha
ayudado a valorar la vida, han crecido en la comprensión de su
existencia, y les ha permitido modificar actitudes, valores y
refugiarse en la espiritualidad. Los familiares expresaron
desconocimiento de lo que a los pacientes les pasa en cuanto a su
estado emocional. Otro estudio en este aspecto, fue el de Tenahua Quitl
y cols. (21), en donde participaron 10 adultos mayores que viven en una
Fundación para ese tipo de personas en Puebla, México; el objetivo fue
comprender, desde el punto de vista de los participantes, el
significado de la experiencia de vivir con hipertensión arterial,
utilizaron la teoría de las representaciones sociales de Moscovici
(1989). La representación se considera como un proceso que incluye los
conceptos o las ideas de sentido común, las creencias y las emociones
que se generan de vivir (Mora, citado por Tenahua) (21). Con base en
los datos obtenidos, las representaciones de la experiencia de los
participantes se interpretaron como una expresión de sentimientos tanto
positivos como negativos, actitudes de enfrentamiento y rechazo, además
se encontró falta de conocimientos sobre el padecimiento.
García Tafolla y cols. (6) efectuaron un estudio
exploratorio en 30 pacientes hospitalizados, con el propósito de
identificar la relación entre el tiempo de evolución y las
complicaciones tardías con el modo de autoconcepto en personas con
diabetes mellitus tipo 2. Utilizaron el Inventario de Tennessee. Siete
perfiles de un total de nueve que evaluaban el autoconcepto, se
identificaron por debajo de los rangos normales a excepción de
autosatisfacción y autocrítica. No se encontró relación significativa
entre las variables del estudio.
Magnani (citado por Whetsell) (22), utilizó la
escala HRHS, una valoración de salud dada por cada uno de los
participantes, y una escala sobre actividad en una muestra de 115
adultos mayores con actividades independientes que vivían en el área de
Nueva York. Detectó que los adultos con niveles más altos de actividad
tenían niveles más altos de fortaleza. Los resultados también revelaron
que aquellos con una cifra alta en los dos instrumentos, tenían un
nivel de actividad más alto, que aquellos con una cifra alta en un solo
instrumento.
En cuanto al concepto de ansiedad, en 1973, basado
en el trabajo de Hildegard Peplau (citado por Young) (23), la ansiedad
fue identificada como diagnóstico en el ejercicio de enfermería.
Lawrence y cols. (24) efectuaron un estudio transversal de observación
en un Centro de Medicina Familiar con el fin de analizar las relaciones
entre síntomas, diagnósticos y la severidad de la enfermedad como
indicadores de ansiedad y depresión. Mediante el análisis por
regresiones logísticas, el género femenino, la percepción de la salud
más baja, más dolor y la mayor inhabilidad por días en cama, se
mantuvieron como estadísticos predictores positivos y significati vos
de síntomas más severos de ansiedad y depresión.
La depresión vino a
igualarse a la ansiedad como
desorden, a la cual las
mujeres eran
considerablemente más
vulnerables que los hombres.
Otro estudio que reveló mayor tendencia en las
mujeres de presentar estados de ansiedad, fue el de Murphy y cols.
(25), en donde examinaron las tendencias históricas con respecto a la
ansiedad en términos de su predominio, de su distribución por edad y
género y de su asociación con la depresión. Concluyeron que las
relaciones entre ansiedad y depresión seguían siendo en un cierto grado
similares, con la excepción del hecho de que la depresión vino a
igualarse a la ansiedad como desorden, a la cual las mujeres eran
considerablemente más vulnerables que los hombres.
De los Ríos y cols. (26), efectuaron un estudio ex
post facto con el propósito de examinar la frecuencia de alteración
emocional en una muestra de 100 de pacientes con nefropatía diabética.
Utilizaron el instrumento GHK-28 (General Health Questionnaire) de
Goldberg. En el 86 % de los pacientes identificaron algún grado de
alteración emocional; tuvieron más riesgo de padecerla aquellos
pacientes con 10 y más años de evolución de su enfermedad.
Vettore y cols. (27) efectuaron un estudio en donde
analizaron la relación de estrés y ansiedad en pacientes con
periodontitis crónica. Distribuyeron 79 pacientes, según la severidad
de la enfermedad, en tres grupos: un grupo control y dos grupos de
prueba. En cuanto a la ansiedad, medida por el inventario de
Spielberger (STAI), en el grupo de prueba 1 y en el grupo control
detectaron promedios similares en el tipo de ansiedad-rasgo, con
promedios bajos en el grupo 2 de prueba. Detectaron correlaciones
positivas entre la ansiedad-rasgo y las frecuencias de los parámetros
clínicos para dicha enfermedad, concluyendo que este tipo de ansiedad
puede ser un predictor importante para la enfermedad periodontal.
Material y método
Se realizó un estudio descriptivo, transversal y
correlacional; la muestra se integró con 200 pacientes mediante el
método de muestreo no probabilístico, por disponibilidad, en función de
los siguientes criterios de inclusión: pacientes adultos de 28 años en
adelante, ambos géneros, con estudios básicos, con diagnóstico médico
de enfermedad crónico-degenerativa; de los servicios de consulta
externa y de hospitalización de cuatro instituciones de salud (una del
primer nivel de atención y tres del segundo nivel) localizadas en los
municipios de Tampico y Madero Tamaulipas, México. Se excluyeron los
sujetos con trastornos de conducta. Los participantes procedían de los
estados de Veracruz, San Luis Potosí y Tamaulipas.
Se diseñó una cédula sociodemográfica con la que se
recabaron los datos de género, edad, escolaridad, estado civil, tipo de
trabajo y religión; también se preguntó el diagnóstico médico y los
años de evolución de la enfermedad.
Para la medición de la fortaleza relacionada con la
salud se utilizó la cédula estandarizada de Susan Pollock, estructurada
con 34 reactivos relacionados con la forma en que las personas perciben
asuntos importantes acerca de la salud; contiene una escala tipo likert
con seis opciones de respuesta: 1= completamente en desacuerdo, 2=
moderadamente en desacuerdo, 3= ligeramente en desacuerdo, 4=
ligeramente de acuerdo, 5= moderadamente de acuerdo, 6= completamente
de acuerdo. Del total de reactivos, 19 están redactados en forma
negativa con el fin de evitar respuestas cruzadas. El puntaje mínimo
del instrumento es 34 y el máximo es de 204.
Con relación a la medición de la variable ansiedad,
se aplicó el inventario de ansiedad Rasgo-Estado (IDARE) de Spielberger
y Díaz- Guerrero (1973) en su versión al español, denominado inventario
de autoevaluación. En el presente estudio se utilizó únicamente la
escala de ansiedad-rasgo que mide las diferencias individuales, es
decir, las diferencias entre las personas en la tendencia a responder a
situaciones percibidas como amenazantes. La cédula contempla 20
reactivos con una escala de respuesta de cuatro puntos: 1= casi nunca,
2= algunas veces, 3= frecuentemente y 4= casi siempre.
En el presente estudio se
utilizó únicamente la escala
de ansiedad-rasgo que mide
las diferencias individuales,
es decir, las diferencias entre
las personas en la tendencia
a responder a situaciones
percibidas como
amenazantes.
Contempla siete reactivos invertidos, esto es, el
valor numérico de la calificación para las respuestas marcadas 1, 2, 3
ó 4 viene a ser de 4, 3, 2 y 1 respectivamente. La puntuación mínima es
de 20 y la máxima de 80. Todos los análisis se realizaron usando el
software SPSS (versión 13). Las variables de interés son tanto
discretas como continuas, por lo que los métodos estadísticos incluyen
cálculo de porcentajes y estadísticas descriptivas (mínimo, máximo,
media, mediana y desviación estándar). Además, para la parte
inferencial se realizaron análisis de correlación bivariada, análisis
de regresión lineal múltiple y pruebas Ji-cuadrada para el cruzamiento
de variables categóricas. También se determinó la consistencia interna
de los instrumentos de medición a través del Coeficiente Alpha de
Cronbach, y se efectuó la prueba de Kolmogorov-Smirnov, revelando que
los índices de las escalas de fortaleza y ansiedad no tienen normalidad
en la distribución de datos (valores Z, 1.751 y 1.803, y valores .p,003
y ,004 respectivamente).
Al realizar el estudio se consideraron los aspectos
éticos señalados en el Reglamento de la Ley General de Salud en materia
de investigación, donde se incluye el anonimato de los sujetos,
confidencialidad de la información brindada por los mismos, derecho a
información con respecto al estudio y a retirarse en el momento que lo
deseen. A los pacientes se les explicó la finalidad del estudio y cuál
sería su participación, en ese momento se obtuvo el consentimiento
informado por escrito. Se les leyó cada uno de los ítemes y sus
respuestas fueron registradas en los formatos correspondientes. La
encuesta se efectuó en un lapso de tres meses, participaron alumnos de
enfermería del 8º periodo.
Resultados
Con respecto a las características sociodemográficas
de los 200 pacientes participantes, en la tabla 1 se observa que
predominó el género femenino, así como los estudios de primaria y la
religión católica; en cuanto al estado civil, cerca del 50 % estaban
casados. El 60 % de los sujetos no trabajan y de los que sí laboran, en
su mayoría su trabajo es temporal.
Tabla 1. Características sociodemográficas de los pacientes

Tabla 2. Distribución de pacientes por grupos de edad y género

En la tabla 2 se identifica el rango de edad, el
cual varió desde los 28 hasta los 85 años, la media fue de 54,9 con
desviación estándar de 12,7, y la mediana de 55 años. Se destacó el
grupo de edad de 48 a 67 años, con representación similar de ambos
géneros.
En la tabla 3 se muestra que aproximadamente el 90 %
de los participantes padece de una enfermedad metabólica, en donde se
incluyó la diabetes mellitus, nefropatía diabética y pie diabético; en
lo que se refiere a los años de evolución de la enfermedad crónica, en
más del 50 % de los pacientes es entre uno a diez años.
Para medir la confiabilidad de los instrumentos de
medición se efectuó la prueba de Coeficiente de Alfa de Cronbach, la
cédula de fortaleza obtuvo un valor de ,852 y la cédula de ansiedad un
valor de ,813, por ello, puede considerarse que demuestran consistencia
interna favorable.
Tabla 3. Distribución de pacientes por grupos de años de evolución y diagnóstico

De la tabla 4 se puede derivar que el grado de
fortaleza de los 200 pacientes fue moderado, pues de la puntuación
total de la cédula (204) obtuvieron un promedio de 130, esto es,
presentaron un 57 % (índice) de fortaleza. Respecto al grado de
ansiedad, también se puede considerar que presentaron, en promedio,
regular nivel, ya que de los 80 puntos en total del cuestionario
obtuvieron una media de 47, o sea un 44 % de ansiedad. El máximo valor
encontrado de ansiedad fue de 92 % , mientras que el mínimo fue de tan
sólo 3 % .
En la tabla 5 se puede apreciar que en general no
existen diferencias importantes de género en relación con los índices
de las dos variables centrales del estudio. Con la finalidad de
determinar si existe una asociación estadísticamente significativa
entre las variables fortaleza y ansiedad, a través de sus índices, se
efectuó un análisis de correlación de Spearman, arrojando un
coeficiente de r = .,570, valor p=,000 (correlación al nivel del ,01).
La relación lineal entre dichas variables resultó significativa.
Dado que la relación entre estas dos variables
objeto de estudio puede ser afectada por otros factores, se realizó un
análisis de regresión múltiple, considerando como variables
independientes la edad, el sexo y los años de evolución del
padecimiento, encontrando que dichas variables no afectan la relación
significativa entre ansiedad y fortaleza.
Tabla 4. Estadísticas básicas de los puntajes e índices de fortaleza y ansiedad

Tabla 5. Estadísticas básicas de los índices de fortaleza y ansiedad por género

Tomando en cuenta que los valores de las variables
fortaleza y ansiedad se pueden categorizar formando niveles y,
posteriormente, realizar una prueba Ji-cuadrado entre ellas con el
objeto de determinar si existe una asociación estadísticamente
significativa, se procedió a la especificación de tres niveles de
acuerdo con los puntajes de los cuestionarios, quedando de la siguiente
manera: para la fortaleza, nivel bajo: de 34-104 puntos, nivel
moderado: de 105-154 y para el nivel alto: de 155-204. En lo que se
refiere a la variable ansiedad, los valores fueron para estos mismos
niveles: 20-40, 41-60 y 61-80, respectivamente.
En las tablas 6 y 7 se presentan las distribuciones
de frecuencias de estos niveles respecto al género de los pacientes. No
se encontraron diferencias significativas en los niveles de fortaleza
entre hombres y mujeres (valor. p= 0,34); ni tampoco en los niveles de
ansiedad entre géneros (valor . p=,89).
La tabla 8 muestra la distribución de frecuencias
entre el cruce de nivel fortaleza y nivel de ansiedad, así como los
resultados de la prueba ji-cuadrado. Se encontró que el valor-p fue
menor a los niveles usuales de significancia (,05 y ,01); por
consiguiente, se establece que existe asociación estadísticamente
significativa entre el nivel de fortaleza y el nivel de ansiedad.
Tabla 6. Distribución de participantes por niveles de fortaleza y género

Tabla 7. Distribución de participantes por niveles de Ansiedad y género

Tabla 8 . Distribución de pacientes por niveles de fortaleza y ansiedad

Discusión
La literatura analizada y los estudios consultados
expresan las bondades de la fortaleza en la adaptación a enfermedades
crónicas en poblaciones con diversas características sociodemográficas.
Sin embargo, en un estudio con hispanos no se encontró que la educación
afectara la relación entre fortaleza y nivel de salud percibido (10);
en este sentido, no obstante que los pacientes encuestados fueron en su
mayoría de estrato socioeconómico bajo, los resultados reportaron que
cuentan con un nivel moderado de fortaleza, esto hace creer que se
apoyan en sus creencias y valores para tratar de lograr un grado de
adaptación a su cronicidad, sin estar, tal vez, profundamente
conscientes de sus capacidades personales.
Varios estudios (10, 20) asocian la fortaleza con
aspectos psicológicos y psicosociales equivalentes a los niveles de
adaptación, por tanto, la ansiedad como estado emocional está presente
en la vida diaria de toda persona. En la muestra estudiada se detectó
regular nivel de ansiedad- rasgo en ambos géneros. En este aspecto
difiere con otros estudios que registran mayor riesgo en la mujer (24,
25).
Con relación al nivel predominante en las dos
variables centrales del estudio, se puede deducir que la población
estudiada posee adaptación a su enfermedad crónica encontrando
similitud con estudios documentados por Pollock (10, 20), en función de
cuestiones culturales y religiosas y, posiblemente, de la percepción
que tengan los sujetos de su enfermedad.
La relación significativa entre fortaleza y ansiedad
encontrada en el estudio, no fue afectada por la edad, el sexo y los
años de evolución de la enfermedad; las dos primeras variables
coinciden con lo reportado por Boytel (citado por Pollock) (10) y
Tafolla (6). En cuanto al tercer factor difieren con lo reportado por
Pollock (20) ya que sí influyó en el porcentaje de varianza en su
estudio sobre adaptación y patrones de afrontamiento en personas
diabéticas. No obstante los resultados, los años de evolución de la
enfermedad podrían representar un factor de riesgo en la medida en que
se acentúen las discapacidades en el individuo con enfermedad crónica,
como también lo manifiesta De los Ríos (26).
La ansiedad-rasgo, como concepto Psicológico, tiene
las características del tipo de locuciones que Atkinson denomina .
motivos . , definidos como disposiciones que permanecen latentes hasta
que las señales de una situación los activan (8); por tanto, existe la
posibilidad de establecer como premisa que este tipo de ansiedad puede
actuar como predictor de un nivel de adaptación favorable en sujetos en
estado de cronicidad, supuesto también expresado por Vettore (27).
Los resultados del estudio otorgan sustento a los
elementos conceptuales del Modelo de Adaptación de Roy, pues las
enfermedades crónicas involucran numerosos factores internos y externos
que influyen en la respuesta de la persona en función de las
alteraciones en sus modos adaptativos. De éstos, y de acuerdo con la
doctora Roy (citada por García Tafolla) (6), el autoconcepto es la
totalidad de actitudes que incluyen los pensamientos y sentimientos que
el individuo tiene sobre sí mismo. Por lo anterior se puede decir que
la adaptación depende de los recursos físicos, psicológicos y sociales
propios de cada persona.
Dentro de la experiencia de vivir en situaciones de
enfermedad, además de las dificultades, existen espacios de crecimiento
a través de redimensionar la vida, por lo que se necesita mejorar las
intervenciones de promoción de la salud a través de un trabajo
interdisciplinario. Bajo esta perspectiva, Pollock (20) establece que
el uso de recursos de tipo social (instituciones de salud, grupos de
apoyo) contribuye a los efectos indirectos de la fortaleza en el
proceso de adaptación. En este orden de ideas están también dirigidos
algunos resultados y conclusiones de varios estudios (5, 20, 21).
La literatura analizada y los
estudios consultados
expresan las bondades de la
fortaleza en la adaptación a
enfermedades crónicas en
poblaciones con diversas
características
sociodemográficas.
Conclusiones y sugerencias
En relación con los resultados del presente estudio,
la relación entre fortaleza y ansiedad es estadísticamente
significativa, ya sea considerándolas como variables continuas
(índices) o como variables discretas o categóricas (niveles). La
relación es inversa, luego, se concluye que los datos muestran
evidencia de que en los pacientes con enfermedades
cronicodegenerativas, a mayor nivel de fortaleza para la salud menor
nivel de ansiedad, apoyando la hipótesis del estudio.
Además, según los resultados, esta relación no se ve afectada por la edad, el género o los años de evolución del padecimiento.
El desarrollo del presente estudio vislumbra
implicaciones en el ejercicio de enfermería sobre la importancia de
identificar las expectativas de los pacientes y, en consecuencia,
promover la individualización de estrategias de afrontamiento que
conlleven un mejor nivel de adaptación en pro de su calidad de vida; en
correspondencia, se fortalecerá el hacer profesional con una visión
holística de los pacientes.
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