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El artículo aparecido el pasado lunes ( Artículo NYT ), en el cual aparecen las desfasadas opiniones de médicos desactualizados, traen la polémica de la agresividad económica de las multinacionales farmaceúticas. En este caso con el éxito comercial de Lyrica.
Una vez más es la Fibromialgia el punto de ataque, a pesar de los avances que se estan dando en esta enfermedad.
Yo creo que el problema estará en si se sigue diagnósticando mal, (todos al saco) y se receta el medicamento a diestro y siniestro. Entonces el fantasma seguirá creciendo y creciendo....
Mario Ruiz www.fibrofatiga-unidos.info
A la caza de enfermedades fantasma
ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL. NUEVA YORK.
La Agencia americana de la Alimentación y el Medicamento, la
poderosa FDA (por sus siglas en inglés) ha dado luz verde oficial al primer
fármaco contra la fibromialgia. Se trata de Lyrica, de la casa Pfizer. Esto ha
removido las aguas del debate. «Tenemos medicina, ¿pero tenemos enfermedad?», se
preguntaba el lunes pasado «The New York Times», haciéndose eco de la tormenta
en cuyo centro hay miles de millones de personas que padecen enfermedades
fantasma, que no todo el mundo cree que existan.
Decimos que alguien padece fibromialgia cuando sufre rigidez
muscular, fatiga y unos enigmáticos dolores en todo el cuerpo, que pueden llegar
a ser tan intensos que el paciente no se sienta capaz de abrir una bolsa de
papel con los dedos. Hablamos de un trastorno crónico, seriamente incapacitante,
para el que los médicos nunca hasta ahora han encontrado explicación ni cura,
que afecta a entre el 3% y el 6% de la población mundial, sobre todo a mujeres
de entre 20 y 50 años.
En los últimos años han empezado a aparecer casos famosos en todo
el mundo. En España está la socialista catalana Manuela de Madre, que habría
podido ser la primera mujer candidata a la Presidencia de la Generalitat, de no
ser por la fibromialgia. Ésta ha atacado también a Frances Bremer, esposa del
antiguo embajador de Estados Unidos en Irak, Paul Bremer.
Como siempre, que personas famosas contraigan una enfermedad ayuda
a hacer ésta más conocida y mejor entendida por el gran público. Esto es
importante cuando se trata de enfermedades tan elusivas al diagnóstico, que la
tentación de negarlas y atribuirlas a «manías» del enfermo es muy fuerte. Es lo
que hizo el actor y cienciólogo Tom Cruise, cuando proclamó que la depresión
postparto le parecía un estado de abulia y de autoindulgencia que se combate
mejor haciendo ejercicio que tomando pastillas. La actriz Brooke Shields, que ha
admitido en público que padeció este tipo de depresión tras el nacimiento de su
primera hija, contraatacó con tal dureza que Cruise acabó viéndose obligado a
rectificar y a pedir perdón.
Trastornos cuestionados
La depresión encabeza precisamente el «ranking» de las enfermedades
más cuestionadas a lo largo de la historia. Lo recuerda en su publicidad de
Lyrica la misma casa farmacéutica Pfizer, que ya fue autora del célebre
antidepresivo Prozac. A juicio de los directivos de Pfizer, el logro más
importante del Prozac no es el alivio concreto que haya prestado a los síntomas
depresivos, sino la respetabilidad que ha dado a estos síntomas a los ojos de
toda la sociedad. Es cierto que hoy en día ya nadie, o casi nadie, acusa de
«quejicas» o de «listos» a aquéllos que se cogen una baja por depresión.
A pesar de todo, hay muchos escépticos ante Lyrica, una droga que
pretende actuar en los centros cerebrales de reconocimiento del dolor, lo cual
algunos consideran que es proceder bastante por tanteo. Algo por otro lado
lógico, si consideramos que de las causas reales de la enfermedad se sigue
sabiendo poco o nada.
La industria farmacéutica, que en todas partes es muy poderosa pero
que en los Estados Unidos es un verdadero gigante, está permanentemente bajo
sospecha de mentir para ganar dinero. De ocultar o minimizar informes sobre la
posible baja efectividad de sus productos y sobre sus efectos secundarios
-Lyrica, por ejemplo, puede hacer aumentar de peso, además de producir
somnolencia y falta de concentración-, y de atiborrar a sabiendas a la población
de «drogas inútiles».
Inventos farmacéuticos
En última instancia, se acusa a la industria farmacéutica de
«inventar» enfermedad tras enfermedad para extender los tentáculos de su
imperio. ¿Pero es tan fácil «inventar» una enfermedad? Sí, si se juega con la
hipocondría de la gente y con su avidez de encontrar remedios para todo. A veces
el «invento» consistiría en coger un conjunto de síntomas desagradables pero
naturales, como por ejemplo la menopausia, darles categoría de enfermedad, y
asegurar que hay cura para ello.
Los más desconfiados tienen una larga lista de enfermedades
fantasma que incluirían el síndrome de piernas inquietas, el síndrome del
intestino irritable y la misma disfunción eréctil -la impotencia de toda la
vida- que también tiene por primera vez un remedio triunfal provisto por la casa
Pfizer, la célebre Viagra. En este caso es difícil negar la evidencia de muchos
felices usuarios, aunque hay expertos que advierten contra el riesgo de forzarle
demasiado la mano a la Naturaleza. Todos los excesos, aunque sean con coartada
farmacéutica, se acaban pagando, advierten las Casandras de la medicina.
Luego están los que acusan a los puristas de dejar en la estacada a
miles de millones de personas que sufren, y que encima no son percibidas
correctamente como tales. En el caso de la fibromialgia, hace escasamente quince
años que los médicos lidian con el concepto en los Estados Unidos. El
diagnóstico sigue siendo difícil, aunque, como sostiene Cheryl Bernstein,
profesora de anestesiología en la Universidad de Pittsburgh, el escepticismo
decrece cuando ya se han visto suficientes casos. «Es difícil de ignorar cuando
ves lo mismo una y otra vez, una y otra vez», concluye.
Hay estimaciones oficiales que hablan de 3,7 millones de afectados
en los Estados Unidos, que en su mayoría son afectadas. El carácter
eminentemente femenino de la enfermedad ha potenciado su «invisibilidad» y su
intratabilidad: una de las características de la fibromialgia es que el dolor se
va enseñoreando del cuerpo poco a poco, minando su resistencia y dejando sin
efecto todos los calmantes tradicionales.
Lyrica se basa en el principio activo de la pregabalina, un
anticonvulsivo usado para combatir el dolor neuropático, la epilepsia y los
ataques de ansiedad. Se supone que actúa reequilibrando bioquímicamente el
cerebro. Ya en el pasado se ha recurrido a antidepresivos y anticonvulsivos para
tratar la fibromialgia.
Nortin Hadler, profesor de medicina en la Universidad de Carolina
del Norte, es profundamente escéptico ante la novedad. No discute el mal sino el
remedio: «A mí estas drogas nuevas no me impresionan lo más mínimo, me temo que
por desgracia tenemos un problema, seguimos sin solución y hay que continuar
buscándola».
Fuente | ABC.es
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