Como parte de nuestro diario vivir, es común que al hacer ciertas tareas nos
sintamos algo cansados y agotados. De ahí que busquemos el modo de brindarle al
cuerpo el descanso apropiado para reponer energías.
Sin embargo, en el caso de pacientes diagnosticados con fatiga crónica, la
pérdida de energía puede ser tal que les produzca síntomas y debilidades que
afecten su calidad de vida.
El Dr. David Martínez Meléndez, reumatólogo, explica que esta enfermedad es
un trastorno “que se caracteriza por fatiga o cansancio debilitante, que lleva
al paciente a una inhabilidad para hacer las actividades que normalmente hacía
todos los días”. Implica pérdida de vigor físico y emocional.
A este mal también se le conoce como un síndrome “porque son muchos los
síntomas (o sea, aquello de lo que el paciente se queja) y signos (lo que el
médico encuentra en el examen físico) que se presentan juntos” en el mismo,
abunda el doctor.
Como es de suponer, su nombre tiene su origen en el hecho de que se asemeja a
una fatiga común, “pero mucho más severa y duradera”. Cabe aclarar que el
término fatiga “no se refiere a asma, como comúnmente se le llama en Puerto
Rico, sino a la pérdida de energía para hacer las cosas”, especifica el también
profesor de la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas de la
Universidad de Puerto Rico.
No es lo mismo
Hay quienes piensan que cuando se habla de fatiga crónica, se hace referencia
a la fibromialgia. Sin embargo, esto no es así. “Para propósitos de estudios
clínicos (ambas) tienen criterios diagnósticos diferentes”, aclara Martínez
Meléndez. Más aún, si se comparan “los signos y síntomas de ambas condiciones”,
pudiera concluirse que “son básicamente idénticas”. Quizás, una de las
diferencias a las que se puede hacer referencia es que “los pacientes con
fibromialgia tienden a tener más puntos de dolor”. Es decir, “el componente de
dolor se acentúa”, reitera. Por el contrario, con la otra enfermedad, lo que más
se acentúa es la sensación de fatiga.
Causa desconocida
La realidad es que “todos podemos llegar a padecer de este trastorno”. Y,
aunque se ve mayormente reflejado “en mujeres jóvenes (entre las edades de 30 a
50 años)”, lo cierto es que también “puede presentarse en niños y en personas
mayores”.
Por otro lado, el doctor aclara que “no se conocen la causa ni las razones
por las cuales se perpetúa” esta enfermedad. A lo largo de los años, “se le ha
asociado con infecciones, anormalidades inmunológicas, anormalidades en el eje
hipotálamo-pituitaria-glándulas adrenales (HPA)”. Incluso, junto con la
fibromialgia, a la fatiga crónica se le ha considerado como una manifestación
“de enfermedades psiquiátricas”, añade el doctor. Pero, aún se desconoce
certeramente la causa.
Además de la fatiga, este padecimiento “presenta muchos síntomas”, entre los
que se incluyen dolores musculares, insomnio e hinchazón de las coyunturas
(aunque, esta última, suele ser subjetiva porque cuando se examina al paciente,
se observa que no están hinchadas)”. Cabe aclarar que “se observa en muchos
pacientes que la severidad empeora con el paso del tiempo”.
Objeto de confusión
Una de las particularidades de este mal es que “se confunde con otras
enfermedades reumáticas”. Entre éstas, la “artritis reumatoide (que causa
inflamación de muchas coyunturas) y espondilitis anquilosante (por el dolor a lo
largo de la espina dorsal)”, señala el doctor.
Sin embargo, para el médico encargado de analizarla, “no son dificiles de
diferenciar porque en los pacientes de fatiga crónica no hay inflamación de las
coyunturas ni de la espina dorsal”, aclara Martínez Meléndez. Al menos, así se
ve reflejado en los laboratorios y las radiografías que forman parte del proceso
de diagnóstico.
También, hay otras enfermedades que se parecen a la fatiga crónica. Entre
éstas, se incluyen lupus, síndrome de Sjogren, polimialgia reumática, esclerosis
múltiple, trastornos psicológicos, y problemas endocrinos. Pero, “es
responsabilidad de su médico hacer el diagnóstico correcto”.
Cómo afecta
Por lo general, esta enfermedad “afecta marcadamente la calidad de vida del
paciente; sus relaciones familiares, el empleo, la vida conyugal”, señala el
doctor. Incluso, puede “llevar al paciente a una incapacidad parcial o total”.
Para brindar un cuadro más claro sobre su respuesta, el reumatólogo menciona,
como ejemplo, el caso hipotético de un paciente que “se levanta con fatiga”, la
que se le empeora “con la actividad física”. A esto cabe añadir que se siente
“deprimido y le duele todo el cuerpo”. Además, “no tiene energía ni para
levantarse de la cama”. Y como si fuera poco, “sus hijos lo están esperando para
ir a la escuela y usted no puede faltar al trabajo”. Para esta persona, “es como
si el cielo se le estuviera cayendo encima”.
Evita ignorarla
Una vez el paciente cuenta con un dignóstico certero, “todos en la familia
tienen que ser conscientes de su padecimiento”, sugiere Martínez Meléndez. Si
bien el doctor confiesa no estar “al tanto de ningún estudio de pacientes en la
comunidad que hable de cura”, lo cierto es que si esta enfermedad “se atiende
temprano, podría ver desaparecer sus síntomas o tener una mejoría
considerable”.
A su vez, el reumatólogo sugiere no temerle a la enfermedad. “No es
contagiosa. No causa fallo en sus órganos internos y no lleva a la muerte”,
aclara el doctor. Como parte de su tratamiento aconseja: “Busque un médico en
quien confíe plenamente y siga sus instrucciones”. Además, el paciente debe ser
consciente de que, en vista de “las múltiples manifestaciones de la enfermedad,
es muy probable que necesite un tratamiento multidisciplinario”. Es decir, “va a
necesitar atención de distintos proveedores y miembros del equipo de salud”, lo
que “debe ser coordinado por su médico de confianza”. También, quien la padece
debe recordar que “hay grupos de apoyo que pueden resultar muy útiles”, menciona
Meléndez Martínez.
Para concluir, el doctor enfatiza que “el paciente y sus familiares tienen
que entender que éste es un trastorno real, objetivo y difícil de atender”.
Aunque la persona “luzca bien por fuera, los síntomas no se los está
inventando”. Por el contrario, “las manifestaciones de dolor y fatiga, al igual
que las otras, no son imaginarias”, insiste.
Y, puesto que este trastorno puede prolongarse “por largos y dolorosos años,
el apoyo de la familia, su comprensión y ayuda son de vital importancia para
seguir adelante”.
Para sobrellevarla
Orientarse, leer sobre la enfermedad.
Tomar los medicamentos según indicado.
Hacer ejercicios para el mejor acondicionamiento de sus músculos, disminuir
el dolor y hasta para mejorar el sueño.
Asistir a las terapias físicas.
Tratar cualquier otra enfermedad que lo esté afectando.
Visitar al psiquiatra, según requerido.
Atender cualquier disturbio del sueño.
Mantener a sus médicos informados de cualquier complicación y/o mejoría que
se le presente.
Hacer las evaluaciones médicas de rigor.
El Dr. David Martínez
Meléndez, reumatólogo y profesor de la Escuela de Medicina del Recinto de
Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, señala que para aprender a
sobrellevar este trastorno, es importante tener en cuenta ciertos aspectos.
Fuente | Primera Hora
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