INTRODUCCIÓN
El
síndrome de fatiga crónica (SFC) es una entidad clínica bien definida, que debe
diferenciarse de los estados de fatiga transitoria y fatiga secundaria. Su
definición requiere la existencia de una fatiga prolongada, de causa no
explicada, y además, el cumplimiento de unos criterios específicos.
El
diagnóstico de síndrome de fatiga crónica se puede realizar mediante los
criterios de Fukuda, elaborados en 1994 (criterios de la C.D.C.), que son los
más utilizados a nivel internacional (ver tabla 1). La prevalencia se ha estimado
entre el 0,2% y el 2,6% dependiendo del criterio diagnóstico utilizado, y es
similar en personas con diferente nivel socioeconómico o grupo étnico, siendo
el único factor de riesgo el de ser mujer (Fernández Solá J, 2003, Alijotas et
al., 2001). La causa de este síndrome es desconocida, aunque diversos
estudios sugieren que es una condición heterogénea de etiología compleja y
multifactorial, en la que se han implicado factores genéticos, infecciosos, inmunes,
neuroendocrinos, neuromusculares y psicológicos (Afari y Buchwald, 2003;
Bertolín y Bertolín, 1993).
El único tratamiento que se ha encontrado beneficioso
para este síndrome es el ejercicio moderado y la terapia cognitivo-conductual,
siendo de eficacia cuestionable el tratamiento con corticosteroides,
antiinflamatorios no esteroideos, antidepresivos, suplementos dietéticos o la
adenina nicotinamida dinucleótico (NADH) oral; de eficacia muy poco probable
la inmunoterapia, e inefectivo o perjudicial el reposo prolongado (Reid et
al., 2000). Este síndrome con frecuencia se presenta en comorbilidad con
otras enfermedades que también se han considerado durante años “funcionales”,
tales como la fibromialgia, la hipersensibilidad química múltiple (Buchwald y
Garrity, 1994), el síndrome del colon irritable, el síndrome de Sjögren y
alteraciones de la articulación mandibular (Wessely et al., 1999).
Además de
los signos o síntomas con frecuencia asociados al SFC y de las patologías
comórbidas, existen otros síntomas que también se han asociado a este
síndrome, bien como síntomas asociados o como consecuencia de las repercusiones
de la enfermedad en otros ámbitos, pero que no se incluyen como problemas
característicos de esta entidad. Entre estas repercusiones directas o
indirectas del SFC, la disfunción sexual parece ser una de las más frecuentes y
de las menos estudiadas.
Bajo el
nombre genérico de disfunciones sexuales, se incluye una gran variedad de
problemas o trastornos sexuales con la única característica común de tener
lugar o afectar a las relaciones sexuales entre parejas, y que pueden denomi-
Tabla 1
Criterios internacionales CDC para el diagnóstico de síndrome de fatiga
crónica. Tomada de Fukuda et al., 1994.
Criterios mayores
Fatiga crónica persistente (6
meses mínimo), o intermitente, inexplicada,
. • que se presenta de nuevo o con inicio definido;
. • que no es resultado de esfuerzos recientes;
. • no mejora claramente con el descanso;
. • y ocasiona una reducción considerable de los niveles previos
de actividad cotidiana del paciente.
Criterios menores
De forma concurrente, deben estar
presentes 4 o más signos o síntomas de los que se relacionan, todos ellos
persistentes durante 6 meses o más y posteriores a la presentación de la
fatiga:
1. 1. Trastornos de la concentración o memoria recientes.
2. 2. Odinofagia.
3. 3. Adenopatías cervicales o axilares dolorosas.
4. 4. Mialgias.
5. 5. Poliartralgias sin signos inflamatorios.
6. 6. Cefalea de inicio reciente o de características diferentes de
la habitual.
7. 7. Sueño no reparador.
8. 8. Malestar post-esfuerzo de duración superior a 24 horas.
Criterios de exclusión
. • Enfermedades potencialmente causantes de fatiga crónica.
. • Depresión psicótica, melancólica o bipolar (no la depresión no
complicada).
. • Trastornos psicóticos.
. • Demencia.
. • Anorexia o bulimia nerviosa.
. • Abuso de alcohol u otras sustancias.
. • Obesidad severa.
narse normales en el sentido
estadístico del término (Kaplan,1978; Otero y Gómez, 2003). Las repercusiones
del SFC en la función sexual están aún poco estudiadas. De hecho, en una
revisión de la bibliografía mediante el sistema Medline, sobre el tema de
disfunción sexual en síndrome de fatiga crónica, sólo se han encontrado dos
estudios recientes en mujeres (Gilhooly et al., 2001; Wermeulen y
Scholte, 2004) y ninguno en varones. En el estudio de Gilhooly (2001) se evalúa
la presencia de disfunción sexual en 26 mujeres veteranas de la guerra del
golfo que presentan quejas de fatiga crónica, y 22 que no presentaban estos
síntomas. En el grupo de mujeres con fatiga el 60% presentaban alguna
disfunción sexual, y el 81% disminución del deseo sexual. En contraste, en las
pacientes que no presentaban fatiga crónica sólo el 10% presentaba alguna
disfunción sexual y el 19% disminución del deseo. En el estudio de Wermeulen y
Scholte (2004) se evaluaron 35 mujeres diagnosticadas de SFC, que se
compararon con 36 mujeres control mediante un cuestionario sobre la función
sexual. En contraste con el anterior estudio, no se encontró un incremento de
la disfunción sexual en el grupo de mujeres con síndrome de fatiga crónica, por
lo que concluyen que la satisfacción con la vida sexual es similar a la de las
mujeres controles. Ambos estudios están realizados con una muestra muy escasa
de población, por lo que se precisan más estudios y con una mayor muestra de
sujetos para aclarar esta controversia.
Aparte de estos dos trabajos publicados, otra fuente
importante de información en la que es preciso
apoyarse, mientras no existan más estudios al respecto, son las observaciones
clínicas de grupos de especialistas en el tema. En reuniones de especialistas
que abordan estos temas, y también en la experiencia del equipo de la Unidad de
Fatiga Crónica del Hospital Clínic de Barcelona, la disfunción sexual es un
problema que se plantea con frecuencia tanto cuando se pregunta específicamente
por él como cuando se plantea de forma espontánea. En dicha experiencia, las
disfunciones sexuales que con más frecuencia plantean las mujeres afectas de
un SFC son: el deseo sexual hipoactivo, el trastorno de la excitación
sexual, la anorgasmia, el trastorno por aversión sexual, la dispareunia (con
frecuencia asociada a un síndrome de Sjögren comórbido), y el vaginismo.
En el varón, las disfunciones sexuales que con más frecuencia se plantean son el
deseo sexual hipoactivo y el trastorno de la erección. Se precisan estudios
en población española para evaluar la hipótesis, de estos equipos, de que la
prevalencia de disfunción sexual en el síndrome de fatiga crónica es mayor que
en pacientes con otros problema médicos crónicos y que en población general.
Estudios iniciados al respecto ayudarán a dilucidar esta hipótesis.
La
etiología de la disfunción sexual asociada al síndrome de fatiga crónica no ha
sido un asunto abordado en la literatura. En opinión de los autores, esta
etiología es multifactorial, y existen diversas influencias nocivas, unas generales
de todas las disfunciones sexuales y otras específicas del trastorno en sí, que
condicionan este trastorno.
• Causas
farmacológicas. Existen diversos fármacos que pueden afectar a la función
sexual (Bobes et al., 1999). Los fármacos que con frecuencia son
pautados en personas que padecen un síndrome de fatiga crónica y que producen
estos efectos son la mayoría de los antidepresivos, entre los que se incluyen
los inhibidores de la recaptación de serotonina que son en la actualidad los
más prescritos en esta población, los corticosteroides
(prednisona) y los protectores gástricos (cimetidina, ranitidina)
habitualmente asociados al tratamiento analgésico (Alijotas, 2002).
. • Causas físicas: la fatiga física y el dolor muscular. Los
pacientes con síndrome de fatiga crónica con frecuencia presentan quejas de
intolerancia al ejercicio. Muchos pacientes refieren que incluso esfuerzos
mínimos provocan un empeoramiento notable de la fatiga y del resto de los síntomas.
Además, diversas evidencias sugieren que muchos de estos pacientes afrontan el
problema mediante el reposo y evitando la actividad física (Vercoulen et al.,
1996a, 1966b, 1968). Un estudio, en el que se monitorizó la actividad física
en estos sujetos, encontró que eran menos activos comparativamente que sus
familiares y se mantenían durante más tiempo en reposo tras un pico de
actividad, aunque sólo un cuarto era inactivo de manera permanente (Van der
Werf, 2000). Por lo tanto, el síndrome de fatiga crónica reduce la actividad
física tanto de forma objetiva como subjetiva, lo cual puede exacerbar o perpetuar
la fatiga y por lo tanto contribuir a la evitación de las relaciones sexuales.
Paralelamente, estos pacientes presentan una mayor sensibilidad o percepción de
dolor con la presión, el calor o el frío, al igual que en la fibromialgia, con
la cual es frecuente la asociación (Schmaling et al., 1998). Ambos
factores (fatiga e hipersensibilidad al dolor con la presión), condicionan
dolor con la presión de la pareja o con posturas mantenidas durante la relación
sexual, así como exacerbación del cuadro de fatiga a posteriori, lo cual crea
un condiciona-miento aversivo que contribuye a la evitación progresiva y
rechazo de las relaciones íntimas.
. • La sequedad de mucosas secundaria al Síndrome de Sjögren. Este
síndrome, también denominado Síndrome Seco, es un trastorno inmunitario
caracterizado por destrucción de unas glándulas de secreción, lo cual origina
sequedad de mucosas (boca, vagina)y conjuntivas (ojos). La sequedad vaginal
origina la falta de lubricación, lo cual puede dar lugar a problemas de dispaurenia,
es decir, dolor en la mujer con la penetración, y ello condicionar con posterioridad
un rechazo o aversión al sexo.
. • La asociación de clínica depresiva y otros trastornos
psiquiátricos. Uno de los síntomas
asociados a los cuadros depresivos
es la pérdida
o
disminución de la capacidad para experimentar placer en todos los ámbitos,
incluido el ámbito sexual (Alegre Martín et al., 2003). Los pacientes
con síndrome de fatiga crónica presentan una prevalencia incrementada de
trastornos afectivos, principalmente depresión mayor, comparado con la
prevalencia en otras enfermedades crónicas (Wessely et al., 1996; Manu et
al., 1989). También se ha encontrado una mayor prevalencia de otros
trastornos psiquiátricos (Bertolín y Bertolín, 1993). Dado que el interés
sexual se encuentra disminuido en el 50% de los pacientes con depresión
(Kennedy et al., 1999), este estado anímico origina una pérdida del
deseo sexual en pacientes con síndrome de fatiga crónica.
• Factores
psicológicos: Los factores psicológicos que favorecen la aparición de
disfunción sexual pueden ser múltiples. Entre ellos destaca la frecuente
dificultad en entender el cuadro por parte de la pareja, lo cual condiciona de
manera recíproca sentimientos de frustración, culpa, o rechazo habitualmente en
las dos partes de la pareja. La información y consejo médico tanto al paciente
como a la pareja es imprescindible en el abordaje de este síndrome (Ridsdale et
al., 2001). Por otra parte, la inhibición sexual, con más frecuencia
masculina, ante la anticipación de la posibilidad de no poder satisfacer las
expectativas sexuales de la pareja, los problemas generales en la relación de
pareja, o el deterioro de la autoimagen, son algunos de los múltiples factores
psicológicos que predisponen, precipitan o mantienen la disfunción sexual.
• Historia
de abuso sexual en la infancia:
Existen
algunas investigaciones, habitualmente americanas, que han estudiado la
existencia de abuso sexual en la infancia en el SFC como factor asociado al
síndrome y/o causal en problemas sexuales posteriores (Renee y Leonard, 2001;
Tailor y Jason 2002). Ambos estudios sugieren que una historia de abuso sexual,
particularmente durante la niñez, parece tener una influencia en el desarrollo
y perpetuación de un amplio rango de trastornos, entre los que se incluye el
síndrome de fatiga crónica. No obstante, estos estudios también son puntuales
y aún escasamente concluyentes, por lo que aunque también hay que evaluarlos,
no deben ser valorados “a priori” como uno de los factores causales más
relevantes.
CONCLUSIONES
Este trabajo recoge de manera sintética, el estado
actual de uno de los problemas emergentes y de notable impacto en la calidad de
vida en los pacientes afectos de SFC, como es el de las repercusiones en la
función sexual. En muchas ocasiones la disfunción sexual que aparece en el
curso de un SFC o de su tratamiento, no es abordada ni por el paciente ni
investigada por el médico, a pesar de que afecta seriamente a la calidad de
vida del paciente, a sus relaciones de pareja, y muchas veces a su propia
autoestima. Por ello, es importante desmitificar estos problemas y tratar de
corregir, estudiar y analizar los factores, tanto psicológicos, como médicos
o farmacológicos, que puedan estar influyendo en su aparición. Paralelamente,
es importante que la pareja tenga conocimiento de que muchas enfermedades
crónicas afectan a la función sexual, para así poder corregir creencias distorsionadas
en torno al problema e incrementar la flexibilidad y tolerancia en la relación
de pareja.
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