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Dr. Ferran J. García

Disfunción sexual y sus causas en el síndrome de fatiga crónica Imprimir E-Mail
escrito por Sindrome de Fatiga Cronica | Investigacion   
lunes, 28 de enero de 2008

Revisión Temática: Disfunción sexual y sus causas en el síndrome de fatiga crónica

E. Gómez Gil, T. Godás Sieso, J. Fernández-Solà*

Resumen

Objetivo: El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una enfermedad caracterizada por una fatiga crónica persistente de al menos 6 meses de duración, que se acompaña de una serie de síntomas específicos. Entre los síntomas acompañantes se ha sugerido que existiría en estos pacientes una mayor prevalencia de disfunción sexual. El objetivo de esta revisión es evaluar el estado actual de conocimiento sobre la asociación entre el SFC y disfunción sexual.

Método: Se revisan la literatura existente en el Medline sobre la presencia de disfunción sexual en el SFC. Se discuten las probables causas de esta asociación.

Resultados: Hasta nuestro conocimiento, sólo se han publicado dos artículos que investigan si los pacientes con SFC presentan más disfunción sexual que la población general, y encuentran resultados contradictorios. Los factores que se han planteado como favorecedores de la aparición de disfunción sexual en estos pacientes son varios: factores farmacológicos, la fatiga y dolor muscular, la sequedad de mucosas cuando se asocia un síndrome de Sjögren, la comorbilidad con el trastorno depresivo, factores psicológicos e historia de abuso sexual en la infancia.

Conclusiones: Dado que los estudios publicados al respecto en la literatura son escasos, no se puede confirmar la hipótesis de que los pacientes con SFC presentan un mayor índice de disfun­ción sexual. Diversos factores parecen influir en el origen o mantenimiento de esta disfunción.

Palabras clave: Síndrome de fatiga crónica. Disfunción sexual. Etiología. Sexo y Enfermedad

 

INTRODUCCIÓN

El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una entidad clínica bien definida, que debe diferen­ciarse de los estados de fatiga transitoria y fatiga secundaria. Su definición requiere la existencia de una fatiga prolongada, de causa no explicada, y además, el cumplimiento de unos criterios es­pecíficos.

El diagnóstico de síndrome de fatiga crónica se puede realizar mediante los criterios de Fukuda, elaborados en 1994 (criterios de la C.D.C.), que son los más utilizados a nivel inter­nacional (ver tabla 1). La prevalencia se ha esti­mado entre el 0,2% y el 2,6% dependiendo del criterio diagnóstico utilizado, y es similar en per­sonas con diferente nivel socioeconómico o grupo étnico, siendo el único factor de riesgo el de ser mujer (Fernández Solá J, 2003, Alijotas et al., 2001). La causa de este síndrome es descono­cida, aunque diversos estudios sugieren que es una condición heterogénea de etiología compleja y multifactorial, en la que se han implicado fac­tores genéticos, infecciosos, inmunes, neuroen­docrinos, neuromusculares y psicológicos (Afari y Buchwald, 2003; Bertolín y Bertolín, 1993).

El único tratamiento que se ha encontrado benefi­cioso para este síndrome es el ejercicio mode­rado y la terapia cognitivo-conductual, siendo de eficacia cuestionable el tratamiento con corticos­teroides, antiinflamatorios no esteroideos, antide­presivos, suplementos dietéticos o la adenina nicotinamida dinucleótico (NADH) oral; de efi­cacia muy poco probable la inmunoterapia, e ine­fectivo o perjudicial el reposo prolongado (Reid et al., 2000). Este síndrome con frecuencia se presenta en comorbilidad con otras enfermedades que también se han considerado durante años “funcionales”, tales como la fibromialgia, la hiper­sensibilidad química múltiple (Buchwald y Garrity, 1994), el síndrome del colon irritable, el síndrome de Sjögren y alteraciones de la articula­ción mandibular (Wessely et al., 1999).

Además de los signos o síntomas con frecuen­cia asociados al SFC y de las patologías comór­bidas, existen otros síntomas que también se han asociado a este síndrome, bien como síntomas asociados o como consecuencia de las repercu­siones de la enfermedad en otros ámbitos, pero que no se incluyen como problemas característi­cos de esta entidad. Entre estas repercusiones directas o indirectas del SFC, la disfunción sexual parece ser una de las más frecuentes y de las menos estudiadas.

Bajo el nombre genérico de disfunciones sexuales, se incluye una gran variedad de proble­mas o trastornos sexuales con la única caracterís­tica común de tener lugar o afectar a las relacio­nes sexuales entre parejas, y que pueden denomi-

 

Tabla 1 Criterios internacionales CDC para el diagnóstico de síndrome de fatiga crónica. Tomada de Fukuda et al., 1994.

Criterios mayores

Fatiga crónica persistente (6 meses mínimo), o intermitente, inexplicada,

.                     • que se presenta de nuevo o con inicio definido;

.                     • que no es resultado de esfuerzos recientes;

.                     • no mejora claramente con el descanso;

.                     • y ocasiona una reducción considerable de los niveles previos de actividad cotidiana del paciente.


 

Criterios menores

De forma concurrente, deben estar presentes 4 o más signos o síntomas de los que se relacionan, todos ellos persistentes durante 6 meses o más y posteriores a la presentación de la fatiga:

1.                  1. Trastornos de la concentración o memoria recientes.

2.                  2. Odinofagia.

3.                  3. Adenopatías cervicales o axilares dolorosas.

4.                  4. Mialgias.

5.                  5. Poliartralgias sin signos inflamatorios.

6.                  6. Cefalea de inicio reciente o de características diferentes de la habitual.

7.                  7. Sueño no reparador.

8.                  8. Malestar post-esfuerzo de duración superior a 24 horas.


 

Criterios de exclusión

.                     • Enfermedades potencialmente causantes de fatiga crónica.

.                     • Depresión psicótica, melancólica o bipolar (no la depresión no complicada).

.                     • Trastornos psicóticos.

.                     • Demencia.

.                     • Anorexia o bulimia nerviosa.

.                     • Abuso de alcohol u otras sustancias.

.                     • Obesidad severa.

 

narse normales en el sentido estadístico del tér­mino (Kaplan,1978; Otero y Gómez, 2003). Las repercusiones del SFC en la función sexual están aún poco estudiadas. De hecho, en una revisión de la bibliografía mediante el sistema Medline, sobre el tema de disfunción sexual en síndrome de fatiga crónica, sólo se han encontrado dos estudios recientes en mujeres (Gilhooly et al., 2001; Wermeulen y Scholte, 2004) y ninguno en varones. En el estudio de Gilhooly (2001) se eva­lúa la presencia de disfunción sexual en 26 muje­res veteranas de la guerra del golfo que presentan quejas de fatiga crónica, y 22 que no presentaban estos síntomas. En el grupo de mujeres con fatiga el 60% presentaban alguna disfunción sexual, y el 81% disminución del deseo sexual. En con­traste, en las pacientes que no presentaban fatiga crónica sólo el 10% presentaba alguna disfunción sexual y el 19% disminución del deseo. En el estudio de Wermeulen y Scholte (2004) se eva­luaron 35 mujeres diagnosticadas de SFC, que se compararon con 36 mujeres control mediante un cuestionario sobre la función sexual. En con­traste con el anterior estudio, no se encontró un incremento de la disfunción sexual en el grupo de mujeres con síndrome de fatiga crónica, por lo que concluyen que la satisfacción con la vida sexual es similar a la de las mujeres controles. Ambos estudios están realizados con una muestra muy escasa de población, por lo que se precisan más estudios y con una mayor muestra de sujetos para aclarar esta controversia.

Aparte de estos dos trabajos publicados, otra fuente importante de información en la que es preciso apoyarse, mientras no existan más estu­dios al respecto, son las observaciones clínicas de grupos de especialistas en el tema. En reunio­nes de especialistas que abordan estos temas, y también en la experiencia del equipo de la Unidad de Fatiga Crónica del Hospital Clínic de Barcelona, la disfunción sexual es un problema que se plantea con frecuencia tanto cuando se pregunta específicamente por él como cuando se plantea de forma espontánea. En dicha experien­cia, las disfunciones sexuales que con más fre­cuencia plantean las mujeres afectas de un SFC son: el deseo sexual hipoactivo, el trastorno de la excitación sexual, la anorgasmia, el trastorno por aversión sexual, la dispareunia (con frecuen­cia asociada a un síndrome de Sjögren comór­bido), y el vaginismo. En el varón, las disfuncio­nes sexuales que con más frecuencia se plantean son el deseo sexual hipoactivo y el trastorno de la erección. Se precisan estudios en población española para evaluar la hipótesis, de estos equi­pos, de que la prevalencia de disfunción sexual en el síndrome de fatiga crónica es mayor que en pacientes con otros problema médicos crónicos y que en población general. Estudios iniciados al respecto ayudarán a dilucidar esta hipótesis.

La etiología de la disfunción sexual asociada al síndrome de fatiga crónica no ha sido un asunto abordado en la literatura. En opinión de los autores, esta etiología es multifactorial, y existen diversas influencias nocivas, unas gene­rales de todas las disfunciones sexuales y otras específicas del trastorno en sí, que condicionan este trastorno.

Causas farmacológicas. Existen diversos fármacos que pueden afectar a la función sexual (Bobes et al., 1999). Los fármacos que con fre­cuencia son pautados en personas que padecen un síndrome de fatiga crónica y que producen estos efectos son la mayoría de los antidepresivos, entre los que se incluyen los inhibidores de la recapta­ción de serotonina que son en la actualidad los más prescritos en esta población, los corticosteroides (prednisona) y los protectores gástricos (cime­tidina, ranitidina) habitualmente asociados al trata­miento analgésico (Alijotas, 2002).

.                     Causas físicas: la fatiga física y el dolor muscular. Los pacientes con síndrome de fatiga crónica con frecuencia presentan quejas de intole­rancia al ejercicio. Muchos pacientes refieren que incluso esfuerzos mínimos provocan un empeora­miento notable de la fatiga y del resto de los sín­tomas. Además, diversas evidencias sugieren que muchos de estos pacientes afrontan el problema mediante el reposo y evitando la actividad física (Vercoulen et al., 1996a, 1966b, 1968). Un estu­dio, en el que se monitorizó la actividad física en estos sujetos, encontró que eran menos activos comparativamente que sus familiares y se mante­nían durante más tiempo en reposo tras un pico de actividad, aunque sólo un cuarto era inactivo de manera permanente (Van der Werf, 2000). Por lo tanto, el síndrome de fatiga crónica reduce la acti­vidad física tanto de forma objetiva como subje­tiva, lo cual puede exacerbar o perpetuar la fatiga y por lo tanto contribuir a la evitación de las rela­ciones sexuales. Paralelamente, estos pacientes presentan una mayor sensibilidad o percepción de dolor con la presión, el calor o el frío, al igual que en la fibromialgia, con la cual es frecuente la aso­ciación (Schmaling et al., 1998). Ambos factores (fatiga e hipersensibilidad al dolor con la pre­sión), condicionan dolor con la presión de la pareja o con posturas mantenidas durante la rela­ción sexual, así como exacerbación del cuadro de fatiga a posteriori, lo cual crea un condiciona-miento aversivo que contribuye a la evitación progresiva y rechazo de las relaciones íntimas.

 

.                     La sequedad de mucosas secundaria al Síndrome de Sjögren. Este síndrome, también denominado Síndrome Seco, es un trastorno inmunitario caracterizado por destrucción de unas glándulas de secreción, lo cual origina sequedad de mucosas (boca, vagina)y conjunti­vas (ojos). La sequedad vaginal origina la falta de lubricación, lo cual puede dar lugar a proble­mas de dispaurenia, es decir, dolor en la mujer con la penetración, y ello condicionar con poste­rioridad un rechazo o aversión al sexo.

.                     La asociación de clínica depresiva y otros trastornos psiquiátricos. Uno de los síntomas asociados a los cuadros depresivos es la pérdida

o disminución de la capacidad para experimentar placer en todos los ámbitos, incluido el ámbito sexual (Alegre Martín et al., 2003). Los pacien­tes con síndrome de fatiga crónica presentan una prevalencia incrementada de trastornos afectivos, principalmente depresión mayor, comparado con la prevalencia en otras enfermedades crónicas (Wessely et al., 1996; Manu et al., 1989). También se ha encontrado una mayor prevalencia de otros trastornos psiquiátricos (Bertolín y Bertolín, 1993). Dado que el interés sexual se encuentra disminuido en el 50% de los pacientes con depre­sión (Kennedy et al., 1999), este estado anímico origina una pérdida del deseo sexual en pacientes con síndrome de fatiga crónica.

Factores psicológicos: Los factores psico­lógicos que favorecen la aparición de disfunción sexual pueden ser múltiples. Entre ellos destaca la frecuente dificultad en entender el cuadro por parte de la pareja, lo cual condiciona de manera recíproca sentimientos de frustración, culpa, o rechazo habitualmente en las dos partes de la pareja. La información y consejo médico tanto al paciente como a la pareja es imprescindible en el abordaje de este síndrome (Ridsdale et al., 2001). Por otra parte, la inhibición sexual, con más fre­cuencia masculina, ante la anticipación de la posibilidad de no poder satisfacer las expectati­vas sexuales de la pareja, los problemas genera­les en la relación de pareja, o el deterioro de la autoimagen, son algunos de los múltiples facto­res psicológicos que predisponen, precipitan o mantienen la disfunción sexual.

Historia de abuso sexual en la infancia:

Existen algunas investigaciones, habitualmente americanas, que han estudiado la existencia de abuso sexual en la infancia en el SFC como factor asociado al síndrome y/o causal en problemas sexuales posteriores (Renee y Leonard, 2001; Tailor y Jason 2002). Ambos estudios sugieren que una historia de abuso sexual, particularmente durante la niñez, parece tener una influencia en el desarrollo y perpetuación de un amplio rango de trastornos, entre los que se incluye el síndrome de fatiga crónica. No obstante, estos estudios tam­bién son puntuales y aún escasamente concluyen­tes, por lo que aunque también hay que evaluar­los, no deben ser valorados “a priori” como uno de los factores causales más relevantes.

 

CONCLUSIONES

Este trabajo recoge de manera sintética, el estado actual de uno de los problemas emergentes y de notable impacto en la calidad de vida en los pacientes afectos de SFC, como es el de las reper­cusiones en la función sexual. En muchas ocasio­nes la disfunción sexual que aparece en el curso de un SFC o de su tratamiento, no es abordada ni por el paciente ni investigada por el médico, a pesar de que afecta seriamente a la calidad de vida del paciente, a sus relaciones de pareja, y muchas veces a su propia autoestima. Por ello, es impor­tante desmitificar estos problemas y tratar de corre­gir, estudiar y analizar los factores, tanto psicológi­cos, como médicos o farmacológicos, que puedan estar influyendo en su aparición. Paralelamente, es importante que la pareja tenga conocimiento de que muchas enfermedades crónicas afectan a la función sexual, para así poder corregir creencias distorsionadas en torno al problema e incrementar la flexibilidad y tolerancia en la relación de pareja.

 

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