Olores que ponen enfermo
Los casos por sensibilidad química múltiple alertan sobre un nuevo síndrome
JOAN CARLES AMBROJO - Barcelona - 05/02/2008 E.P.
La exposición a la enorme variedad actual de productos químicos en la vida
cotidiana puede provocar en algunas personas la aparición de sensibilidad
química múltiple, una nueva afectación difícil de diagnosticar y que no tiene
tratamiento específico.
Quienes padecen esta afectación ven reducida notablemente su calidad de vida:
sufren de dolores de cabeza, picores en los ojos y la boca, cansancio general o
problemas cognitivos en presencia de uno o varios agentes químicos.
El síndrome de sensibilidad química múltiple puede iniciarse por la
exposición a un solo producto químico en el medio ambiente, principalmente un
insecticida organofosforado o un disolvente orgánico. Una vez iniciada la
reacción a este desencadenante primario, la persona también puede enfermar por
la exposición a desencadenantes secundarios, como productos de limpieza
doméstica (lejía, salfumán), perfumes, desodorantes, pinturas y barnices. Este
síndrome no es una alergia, porque no hay mediadores inmunológicos.
La OMS no considera aún este tipo de sensibilidad una enfermedad como tal,
pero en otros países -por ejemplo, Alemania y Canadá- se la toman muy en serio.
En España, el Hospital Clínico de Barcelona registra entre 50 y 60 casos nuevos
de este síndrome al año. Un equipo de este centro sanitario ha evaluado durante
dos años una serie de 52 pacientes afectados por este síndrome y la conclusión
es que parece aumentar la incidencia entre la población, dice Santiago Nogué,
jefe de Toxicología Clínica del Hospital Clínico de Barcelona y uno de los
autores del estudio. En gran parte de estos pacientes, los perfumes,
ambientadores, detergentes y humo del tabaco fueron los principales
desencadenantes de los síntomas.
¿Cuáles son los mecanismos para que sustancias químicamente tan diferentes
produzcan idénticos resultados? No está nada claro. Hay quien postula que la
respuesta multisistémica desencadenada por un agente químico se debe a las
interconexiones entre el nervio olfativo y el sistema límbico cerebral, una zona
muy vulnerable a la sensibilización, según Jordi Obiols, técnico superior de
prevención del Centro Nacional de Condiciones de Trabajo, que ha realizado una
nota técnica sobre este síndrome.
El diagnóstico es clínico y se realiza con el cuestionario QEESI. La
sintomatología es muy amplia y afecta a varios órganos; los síntomas se repiten
con cada exposición y se reproducen con dosis muy bajas. Los agentes químicos no
están relacionados entre sí y los síntomas mejoran y desaparecen al cesar la
exposición. Las estimaciones sobre cuántas personas pueden verse afectadas son
dispares. En Estados Unidos hay autores que indican una prevalencia del 1%,
mientras que otros la elevan al 10%, explica Jordi Obiols.
En el entorno laboral, sobre todo en ambientes cerrados o edificios enfermos,
la prevalencia podría llegar al 20% en determinadas exposiciones accidentales,
asegura Francisca López Crespi, médica del trabajo del Centro de Seguridad y
Salud Laboral de Barcelona, de la Generalitat de Cataluña.
La sensibilidad química múltiple se ha presentado en multitud de ambientes
(centros de enseñanza, oficinas bancarias, hoteles, edificios municipales,
geriátricos, edificios sanitarios), casi siempre relacionados con la aplicación
de insecticidas diversos, principalmente organofosforados y piretroides. Uno de
los primeros brotes del que se tiene constancia fue en 1994 en un edificio
hermético, un laboratorio del complejo sanitario de Vall d'Hebron, en Barcelona.
"Al poco tiempo de realizar dos desinsectaciones en una semana, un grupo de
trabajadoras empezó a sentir múltiples síntomas, aparentemente no demasiado
graves, pero que desencadenaron, además de fatiga persistente, una intolerancia
a los olores ante múltiples sustancias, y estas exposiciones les desencadenaban
síntomas de nuevo", explica Francisca López.
Uno de los especialistas que más han trabajado con este tipo de casos es el
neurólogo Julián Márquez, cuando trabajaba en el hospital de Bellvitge. El 90%
de los 302 pacientes diagnosticados por Márquez sufrían trastornos cognitivos
que afectaban a la memoria, la concentración y la capacidad de realizar tareas
simultáneas. Estos síntomas iban acompañados de parestesias, gran fatiga y
debilidad muscular.
La sensibilidad química fue causada, en la mayoría de casos, por la
exposición en lugares cerrados a insecticidas organofosforados, incluso en
cantidades muy bajas del producto, añade Julián Márquez. En el 90% de los
pacientes la dolencia se cronificó, con mayor intolerancia a olores y más
síntomas. Con el tiempo, pueden aparecer síntomas nuevos, como alteraciones
visuales, explica el neurólogo.
El Centro de Seguridad y Salud Laboral de la Generalitat ha seguido casos
relacionados con la aplicación de insecticidas en el interior de los centros de
trabajo, y otros casos relacionados con el uso de disolventes. Desde 1994, este
centro ha registrado unos 750 casos; de ellos, unos 150 están actualmente en
situación de invalidez de diferentes grados por contingencia profesional. Sin
embargo, Francisca López explica que si se observan aisladamente los indicadores
de personas afectadas por este síndrome, hay pocos datos de brotes similares
fuera de Cataluña.
Sospechas en el entorno laboral de las mujeres
Aunque se desconocen sus causas, la sensibilidad química múltiple parece
tener una mayor incidencia entre las mujeres. En el Hospital Clínico de
Barcelona, el 90,5% de las personas que acudieron a consulta aquejadas por este
síndrome fueron mujeres, y el 39% de los casos diagnosticados estaban
relacionados con tóxicos en el entorno laboral.
Santiago Nogués, jefe de Toxicología de este hospital, describe el caso de
una maestra de 45 años. Llevaba cuatro meses sin poder permanecer en un ambiente
doméstico donde hubiera productos de limpieza, perfumes o suavizantes. Nogués
cree que el origen del trastorno está en el entorno laboral de la mujer: hacía
seis meses que había iniciado el nuevo curso en unos barracones y su despacho
almacenaba productos de limpieza. La maestra no tardó en notar los primeros
síntomas, "que progresivamente se extendieron a otros ambientes". No soporta el
humo del tabaco ni el de los vehículos, los ambientadores o la laca de la
peluquería.
Los síntomas que presentaba la maestra ante las exposiciones eran de inicio
casi inmediato, progresivos y siempre los mismos, independientemente del
desencadenante, y cedían progresivamente a los 30 o 60 minutos de cesar el
contacto con el contaminante. La paciente sufría disnea, cefaleas, congestión
nasal, opresión torácica, tos seca, palpitaciones, inestabilidad, náuseas y mal
estado general.
El tratamiento fue a base de broncodilatadores para los episodios de asma,
analgésicos para las cefaleas, y ansiolíticos. Empeoró al reincorporarse al
trabajo y tuvo que coger una nueva baja laboral.
Una enfermera de 53 años acudió a la consulta tras seis meses sufriendo
fatiga no justificada y que no cedía con reposo, trastornos del sueño, sequedad
e irritación de mucosas, pérdida de memoria, atención y concentración, con
alternancia de diarrea y estreñimiento. Los síntomas, dice Nogués, aparecieron a
las 36 horas de realizar una fumigación contra las cucarachas en su trabajo, que
también afectó a otros 15 compañeros; varios de ellos deben protegerse con
mascarillas.
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