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ABSTRACT.
La actual definición del caso para el síndrome de fatiga crónica (SFC) fue
desarrollada por consenso en vez de con unos métodos empíricos. Desde un punto
de vista práctico, si la definición del caso no tiene una base empírica, es
posible que algunas personas con esta enfermedad pueden no ser diagnosticados, y
otros que no tienen este desorden podrían ser diagnosticados con el. En el
estudio presente, se proporcionó a 114 individuos con SFC un cuestionario
teórico sobre características neuropsiquiátricas, vascular, inflamatorias,
musculares/articulares, infecciosas y otros síntomas.
Al analizar los síntomas
con esta clasificación, se identificó una estructura factor más interpretable
que cuando se utilizaban los síntomas de los criterios de la definición del
caso tradicional. Se analizaron por cluster las puntuaciones de los factores del
nuevo sistema de clasificación, y se identificaron cuatro tipos de grupos de
pacientes. El campo de los estudios del SFC necesita basarse en métodos
empíricos para determinar una definición del caso versus esfuerzos que se basan
más en el consenso.
Al final tales esfuerzos ayudarán a los proveedores de
servicios sociales a diagnosticar mejor y a proporcionar servicios a las
personas con esta enfermedad crónica.
Leonard A. Jason -- Karina Corradi -- Susan
Torres-Harding
Leonard A. Jason, PhD, es director del Center for Community
Research, DePaul University.
Karina Corradi, MA, está afiliada con el Center
for Community Research, DePaul University.
Susan Torres-Harding, PhD, está
afiliada con el Departamiento de Psicología, Roosevelt University, 430
S.
Michigan, Chicago, IL 60605.
Dirección de correspondencia: Leonard A. Jason,
PhD, Director, Center for Community Research,
DePaul University, 990 W.
Fullerton Ave., Chicago, IL 60614.
Los autores apreciaron el patrocinio
proporcionado por NIAID (grant number AI 49720).
Journal of Social Service
Research, Vol. 34(2) 2007 Available online at http://jssr.haworthpress.com
El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) es una enfermedad incapacitante que afecta a
aproximadamente 800.000 Americanos (Jason, Richman et al., 1999), y el valor
total anual de la pérdida de productividad en los EE.UU. debido a esta
enfermedad ha sido estimada en unos 9.100 millones de dólares (Reynolds, Vernon,
Bouchery, & Reeves, 2004). Evengard, Jacks, Pedersen y Sullivan (2005)
entrevistaron a 31.405 miembros individuales del Registro de Gemelos Suecos e
informaron que la prevalencia de 6 meses de una enfermedad parecida al SFC es de
2.36%.
Desafortunadamente la definición del case internacional de la lCFS
(Fukuda et al., 1994) fue desarrollada por consenso en vez de manera empírica.
Para ser diagnosticada con SFC, la persona también tiene que tener la ocurrencia
concurrente de 4 o más síntomas que no predatan a la enfermedad y que
persistieron o más meses desde el comienzo (i.e., dolor de garganta, dolor en
nódulos linfáticos, dolor muscular, dolor articular, malestar post-esfuerzo,
cefaleas de un tipo nuevo o diferente, dificultades con memoria y concentración
y sueño no-reparador). Recientemente se han propuesto algunas modificaciones a
esta definición del caso, como términos y criterios que especifican más (Reeves
et al., 2003). Esta modificación, no obstante, tampoco está basada en lo
empírico. Ya que la definición del caso del SFC no era basada en lo empírico,
hubo considerables debates sobre la validez de esta construcción (Sullivan,
Pedersen, Jacks, & Evengard, 2005).
Sullivan et al. (2005) utilizaron el
análisis de clase con una base de datos de 5.330 individuos en Suecia, y este
método identificó un síndrome que se parece mucho al SFC. Esta última década
hubo también mucha discusión sobre qué síntomas incluir u excluir en la
definición del caso. Por ejemplo, Komaroff & asociados (1996) compararon a
pacientes que cumplían los mayores criterios de la definición del caso americana
original del SFC (Holmes et al.,1988) con controles sanos y con grupos con
esclerosis múltiple y depresión. Concluyeron que si se eliminaba la debilidad
muscular, las artralgias y el deterioro del sueño, y se añadía anorexia y
nauseas, se reforzaría la definición del caso SFC.
Al contrario, utilizando los
criterios de Fukuda et al. (1994), Jason, Torres-Harding, Carrico y Taylor
(2002) compararon individuos con SFC, depresión melancólica y controles, y al
contrario del estudio de Komaroff, la debilidad muscular y las artralgias eran
informadas por más de la mitad de participantes con SFC, y diferenciaba de
manera única a este grupo de los controles.
Jason, Torres-Harding et al.
(2002) también encontraron que la anorexia y las nauseas ocurrían con una
frecuencia relativamente baja, y que ninguno de estos 2 síntomas diferenciaba de
maneraúnica a la gente con SFC de los controles. Es más, Jason, Torres-Harding
et al. (2002) que un síntoma que actualmente no es parte de los criterios de
Fukuda, la falta de aire, si diferenciaba a los grupos. Este síntoma podría
jugar un papel en la hipotensión mediada neuralmente, que ha sido conectada al
SFC (Poole, Herrell, Ashton, Goldberg, & Buchwald, 2000).
Recientemente
ha sido desarrollada una nueva definición del caso clínico para EM/SFC en Canadá
(Carruthers et al., 2003). En vez de elegir entre 4 o más de 8 síntomas, como
ocurre con los criterios de Fukuda et al. (1994), se requieren unos síntomas
específicos, como malestar postesfuerzo.
Jason, Torres-Harding, Jurgens, y
Helgerson (2004) compararon a personas que cumplen la definición del caso de
Canadá, los criterios de Fukuda et al. (1994), y personas que experimentan
fatiga crónica explicada por rezones psiquiátricas. El grupo de criterios
canadienses, al contrario del grupo de criterios de Fukuda, tenía más variables
que les diferenciaba significativamente del grupo de comparación psiquiátrico.
Los casos de los criterios canadienses seleccionaban casos con menos
comorbilidad psiquiátrica, más deterioro funcional físico y más fatiga/debilidad
y síntomas neuropsiquiátricos y neurológicos.
Desafortunadamente, ninguna de
ambas definiciones, la de Fukuda et al. y la canadiense estaban basadas en lo
empírico. Se han dirigido abordajes basados en lo empírico para intentar
clasificar mejor los síntomas los individuos con fatiga crónica y con SFC. Por
ejemplo, mediante el análisis de factores, Nisenbaum, Reyes, Mawle, y Reeves
(1998) encontraron 3 factores correlacionados (fatiga-ánimo-síntomas de
cognición, de tipo gripe y de deterioro visual).
En un estudio posterior,
Nisenbaum, Reyes, Unger y Reeves (2004) encontraron tres factores en una muestra
de 1.391 personas crónicamente fatigadas; los factores eran musculoesqueléticos,
infecciones y cognición-ánimo-sueño.
Un estudio de Jason, Taylor, Kennedy et
al. (2002) utilizó el análisis de factores para proporcionar apoyo a la
existencia de 4 distintos componentes de fatiga crónica: falta de energía
(intensidad de fatiga), agotamiento físico (fatiga exacerbada por esfuerzo
físico), problemas cognitivos (dificultades con la memoria a corto plazo,
concentración y procesamiento de información), y fatiga y descanso (descanso o
sueño no restaurador). Desafortunadamente, estos estudios estaban basados en
individuos con fatiga crónica en vez de exclusivamente en el SFC.
Utilizando
el análisis de factores con muestras de individuos con SFC, Friedberg, Dechene,
McKenzie, y Fontanetta (2000) encontraron 3 factores (problemas cognitivos,
síntomas estilo gripe y neurológicos) mientras que Ray, Weir, Cullen y Phillips
(1992) encontraron 4 componentes: distrés emocional, fatiga, síntomas somáticos
y dificultades cognitivos.
Con una muestra pediátrica, Rowe y Rowe (2002)
utilizaron análisis de factores confirmatorios, y encontraron apoyo para el
dolor muscular y fatiga, neurocognitivo, dolor abdominal, de cabeza y pecho,
factores neurofisiológicos e inmunológicos.
Mediante análisis de cluster,
Jason y Taylor (2002) encontraron que la mayoría de individuos con síntomas
moderados a severos se pueden clasificar de manera exacta en dos importantes
subgrupos: uno distinguido por fatiga post-esfuerzo severa, y fatiga que es
aliviada con descanso; y el otro distinguido por una sintomatología global
severa, severa fatiga post-esfuerzo, y fatiga que no alivia con
descanso.
Hickie y asociados (1995) encontraron 2 subtipos distintos: (a) un
grupo “estilo-somatización”, incluyendo aquellos que tienen una mayor
prevalencia de síntomas SFC y atípicos, mayor discapacidad atribuida al SFC y
síntomas psiquiátricos, y un mayor porcentaje de desempleados y; (b) un grupo
“SFC”, que incluye aquellas personas con menor prevalencia de SFC y síntomas
atípicos, menor discapacidad atribuida al SFC y síntomas psiquiátricos, y un
mayor porcentaje de empleados. Este estudio ha sido replicado en un estudio
multi-sitio (Wilson et al., 2001).
Sullivan, Smith y Buchwald (2002)
utilizaron el análisis de clases latentes con 32 síntomas de pacientes con SFC,
FM (Fibromialgia), y SFC y FM, y los hallazgos apoyaban la noción que SFC y FM
tienen más similitudes que diferencias. Taylor, Jason y Schoeny (2001)
utilizaron un análisis de factores confirmatorios, que apoyaban las distinciones
diagnósticas entre 5 síndromes (FM, SFC, depresión somática, ansiedad somática y
IBS). Linder, Dinser, Wagner, Krueger y Hoffmann (2002) utilizaron redes
neurales artificiales para clasificar a pacientes con fatiga crónica (incluyendo
SFC y fatiga crónica idiopática), lupus eritematoso y FM. Fueron capaces de
conseguir una sensibilidad del 95% y una especificidad del 85%. Aquellos
síntomas de fatiga crónica que tenían la mayor exactitud eran “comienzo agudo
de los síntomas” y “dolor de garganta” lo que apoya la hipótesis de una
etiología infecciosa.
Corradi, Jason y Torres-Harding (2006) clasificaron
recientemente a individuos con SFC en 3 subgrupos de acuerdo con: evidencia
médica de posibles procesos inflamatorios (como evidenciado por recuento anormal
de eosinófilos, anticuerpos antinucleares, factor de artritis reumatoidea
anormal, y ratio de sedimentación anormal en presencia de un marcador
inflamatorio adicional); evidencia médica de una posible infección actual (como
evidenciada por los resultados anormales en el ratio de sedimentación sin la
presencia de un marcador inflamatorio, o de recuento de linfocitos); y“otro”
grupo sin evidencia de ninguna de los procesos orgánicos mencionados antes
(casos con más anomalías musculares, autonómicas y neurológicas).
Los individuos
del “otro” grupo tenía una discapacidad física significativamente mayor que los
del grupo inflamatorio. No obstante, aquellos del grupo inflamatorio tenían
significativamente más probabilidad de tener dificultades mentales (basado en el
resumen de componentes mentales del SF-36) y un diagnóstico psiquiátrico
actual.
Resumiendo la literatura mencionada arriba, hay cierto apoyo empírico
para decir que los individuos con SFC tienen problemas neuropsicológicos o
cognitivos (Friedberg et al., 2000; Jason, Taylor, Kennedy et al., 2002; Ray et
al., 1992; Rowe & Rowe, 2002), síntomas infecciosos (Corradi et al., 2006;
Friedberg et al., 2000; Linder et al., 2002; Nisenbaum et al., 1998, 2004; Rowe
& Rowe), y dificultades musculares/articulares (Nisenbaum et al., 2004; Rowe
et al., 2002) y estos síntomas se reflejan en la investigación del SFC (Fukuda
et al. 1994) y en la definición del caso clínico canadiense (Carruthers et al.,
2003).
Dos síntomas más específicos, el sueño no reparador (Nisenbaum et al.,
2004; Jason, Taylor, Kennedy et al., 2002) y el malestar post-esfuerzo (Jason,
Taylor, Kennedy et al., 2002; Jason & Taylor, 2002) son también
características prominentes en los estudios empíricos y en las dos definiciones
del caso de SFC.
Finalmente, dos clusters de síntomas adicionales que se han
identificado en los estudios del SFC, incluyen síntomas vasculares (Rowe &
Rowe, 2002; Jason, Torres- Harding et al., 2002) e inflamatorios (Corradi et
al., 2006); y ambos se caracterizan en la definición clínica del caso canadiense
(Carruthers et al., 2003), pero no en los criterios de Fukuda et al.
El
estudio presente utilizó las categorías mencionadas arriba para desarrollar un
juego de síntomas derivados de la teoría para comparar con los de la definición
del SFC de Fukuda et al. Se postuló que el análisis de factores de los síntomas
teóricamente derivados proporcionarían una mejor solución de factores que los
derivados de los criterios de Fukuda et al. Las implicaciones prácticas de una
investigación semejante es que, si se desarrolla una mejor definición del caso,
podría ayudar a que los asistentes de servicios sociales diagnosticarían mejor a
los individuos con esta condición, y esto podría llevar a intervenciones más
apropiadas y mejor hechas a medida para las personas que sufren de esta
condición crónica.
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