Introducción
El síndrome de fatiga crónica (SFC) es una
enfermedad caracterizada por una fatiga inexplicada de 6 meses o más de
duración. La condición no se alivia con descanso y es acompañada por al menos 4
de los 8 síntomas que definen el caso, incluyendo dolor de garganta,
linfadenopatía sensible, deterioro de la memoria o de la concentración,
mialgias, artralgias, sueño no reparador, malestar postesfuerzo y dolores de
cabeza [1].
El SFC se diagnostica mediante la exclusión de todas las otras
condiciones que podrían causar similares síntomas. El estudio y manejo clínico
del SFC es complicado porque faltan biomarcadores aceptados o signos patogenómicos
para la enfermedad. El SFC se caracteriza por una patogénesis multifactorial.
Hay factores endocrinos, neuroendocrinos, psicosociales e inmunológicos que
median en la respuesta fisiológica del SFC y en el curso de la enfermedad.
Aunque todavía hay que desarrollar un consenso respecto a la patofisiología y
la etiología del SFC, hay gran cantidad de investigaciones que apoyan un
vínculo entre la disregulación inmune y el SFC.
Hay unos cuantos síntomas del
SFC vinculados con procesos inflamatorios (p.ej. linfadenopatía, dolor de
garganta, mialgias, artralgias) que han llevado a muchos investigadores a
postular que una disfunción inmune es la causa de la enfermedad. Se ha
encontrado que el SFC está asociado con el incremento de la activación inmune y
del nivel de citokinas inflamatorias, y que hay subgrupos que demuestran una
reactivación viral y una disminución de la citotoxicidad, alteraciones en la
función linfocitaria, activación y distribuciones en subgrupos [2,3,4•,5••].
Además de esto, nuestra mayor comprensión de la genómica del SFC ha reforzado
la evidencia que la enfermedad tiene su raíz en una patogénesis biológica que
implica una disfunción celular e interacciones entre la respuesta fisiológica
al estrés y la inflamación. El progreso de las investigaciones genéticas ha
proporcionado nuevos caminos para el futuro estudio de las terapias de
inmunomodulación.
Activación inmune
Durante mucho tiempo se ha pensado que la
crónica activación inmune era un componente del SFC. En los pacientes con SFC
los linfocitosT parecen estar crónicamente activados. En los pacientes con SFC
las células CD8 demuestran típicamente un incremento de los marcadores de
activación (CD38, HLADR) y una reducción de las células supresoras CD8. El
nivel de CD26, ectoenzima conocida por incrementar la activación celular,
también está elevado en los pacientes con SFC. La CD26 es asociada con la
deaminasa adenosine en las célulasT y juega un papel crítico en la respuesta
inmune.
También se ve de forma habitual una expresión anormal en las
enfermedades autoinmunes, las enfermedades relacionadas con el VIH y en el
cáncer. En comparación con controles, los pacientes también muestran un nivel
significativamente más alto de linfocitos CD26+ [4•]. La homeostasis entre la
respuesta inmune célulamediada o ayudante T1 (Th) y la respuesta humoral o
inmune Th2 se ve interrumpida en el SFC.
La Th1 funciona primariamente mediante
la destrucción de las células humanas infectadas, mientras que la Th2 funciona
mediante la producción de anticuerpos. El incremento de producción de
anticuerpos contribuye a elevaciones en los complejos inmunes, el nivel
incrementado de la producción de anticuerpos antinucleares, y el aumento de la
prevalencia de alergias entre los pacientes con SFC [4•]. Algunos investigadores
han postulado que, si las infecciones pueden llevar a un cambio aberrante hacía
una respuesta incesante y dominante Th2, entonces puede ser que las vacunas
causen la misma reacción, ya que las inmunizaciones están diseñadas para
inducir una inmunidad persistente a los antígenos.
Aunque se necesitan más
investigaciones, un estudio reciente proporciona evidencia que las vacunas no
llevan a los síntomas del SFC [6].
Defectos inmunes
funcionales
Ácidos grasos
esenciales, el nivel del zinc, célulasT e inflamación
En una serie de artículos por Maes et al. [7–9] el nivel celular
de varios minerales y ácidos grasos estaban correlacionados con la disfunción
inmune. Maes et al. [7] documentaron un nivel significativamente más bajo de
zinc en el suero de pacientes con SFC en comparación con los controles y
encontraron evidencia que el bajo nivel de zinc en el suero estaba relacionado
con el incremento de signos de inflamación y defectos en las tempranas vías de
activación de célulasT. Los resultados de este estudio mostraron una negativa
correlación entre el zinc en suero, la severidad de los síntomas del SFC y la
experiencia subjetiva de la infección. También se encontró que el zinc en el
suero estaba negativamente correlacionado con el incremento de la fracción de
la proteína α2.
El nivel de zinc en suero mostró una positiva correlación con
la disminución de la expresión de un marcador de activación de las célulasT
(CD69) sobre las célulasT CD3 y CD8. El zinc es un potente antioxidante, y el
disminuido nivel en el SFC apoya los hallazgos que la enfermedad está
acompañada de un incremento del estrés oxidativo [7]. El mismo grupo también
documentó una significativa relación positiva entre la disminución del nivel de
zinc en suero, el ratio omega 3/omega 6 y la disminución de la expresión
mitogénicaestimulada CD69 sobre las célulasT CD3+, CD3+CD4+, y CD3+CD8+
indicando una anormal activación temprana de las célulasT. Los ratios del
omega 3/omega 6 y del ácido eicosapentaenoico/ aracidónico estaban significativamente
reducidos en los pacientes con SFC, con un aumento significativo del nivel
proporcionado del omega 6.
La bajada del nivel de omega 3 o el aumento del
nivel de omega 6 contribuyen a la inflamación y puede contribuir a los síntomas
del SFC [8]. Más tarde y en otro estudio, el grupo Maes [9] encontró una
respuesta inmune relacionada con la inmunoglobulina (Ig)M en pacientes con SFC,
dirigida contra los interrumpidos componentes lípidos de la membrana, coproductos
de los elementos lípidos de la membrana, coproductos de la peroxidación
lípida, cisteína SfarnesilL y del óxido nítrico – aminoácidos modificados.
Normalmente estos neoepitopos pasan desapercibidos por el sistema inmune pero,
después de sufrir daño oxidativo y nitrosativo, parecen volverse inmunogénicos.
Este estudio encontró una significativa correlación positiva entre el nivel de
la IgM en suero dirigida a los ácidos grasos, y la severidad de la enfermedad
[9]. El papel de la biosíntesis de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena
larga (PUFA por sus siglas en inglés) en la patofisiología del SFC es una
importante área para las investigaciones.
Hay gran cantidad de evidencias que
vinculan el SFC con una persistente infección viral. Hay evidencia adicional
que sugiere que tales infecciones pueden jugar un papel en la afectación
adversa de la estructura de la membrana celular y en el funcionamiento y la
producción de los eicosanoidos porque afectan la biosíntesis de los PUFAs. En
vista de este hallazgo, el tratamiento con PUFAs de cadena larga puede ser una
área futura prometedora [10].
Estrógenos y la
modulación inmune
Grans et al. [11•] mostró un nivel reducido del receptor de
estrógeno B mRNA en una cohorte de pacientes con SFC. El estrógeno es una
importante hormona esteroide que juega un papel crítico en varios procesos,
incluyendo el desarrollo sexual y el ciclo reproductor. Se estima que el ratio
de prevalencia del SFC es 2 a 4 veces más alto en las mujeres. Hay unas cuantas
enfermedades autoinmunes incluyendo la artritis reumatoidea y la esclerosis
múltiple que también afectan de manera desproporcionada a las mujeres y de las
que se piensa tienen una patogénesis relacionada con las hormonas.
El estrógeno
es un potencial inmunomodulador que funciona atándose a los dos receptores de
estrógeno, ERα y ERβ. Estos dos receptores tienen un papel único y se solapan.
En una muestra de un estudio de 30 pacientes con SFC, Grans et al. [11•]
encontró un nivel más bajo de ERβ cx mRNA en los pacientes que llevaban menos
tiempo enfermos. Debido al pequeño tamaño de la muestra del estudio, se debería
considerar estos resultados como preliminares. No obstante, el papel del nivel
de la proteína ERβ wt y los efectos celulares son candidatos interesantes para
futuros estudios.
Citokinas inflamatorias
El funcionamiento subóptimo del eje hipotálamopituitarioadrenal
(HPA) en el SFC [12,13] está bien documentado.
El hipofuncionamiento del eje
HPA podría llevar a una exagerada respuesta al estrés y una subsiguiente y
excesiva liberación de citokinas proinflamatorias. El estrés de larga duración
incrementa el nivel de glucocorticoides y catecolaminas lo que, con el tiempo,
suprime la función inmune. Un estudio reciente investigó los potenciales
cambios inmunológicos en niñas adolescentes severamente fatigadas con síntomas
similares a pacientes con SFC y con una constelación sintomática de
comportamiento de enfermedad [14].
Los cambios inmunológicos que se
investigaron fueron el nivel de proliferación de los linfocitos T mediante la
respuesta mitogénica estimulada directamente o mediante lipopolisacaridos
(LPS), así como la producción de citokinas proy antiinflamatorias.
Entre las
3 cohortes que se estudiaron (chicas adolescentes severamente fatigadas,
pacientes con SFC y personas nofatigadas), los participantes severamente
fatigadas informaron de niveles más altos de depresión, ansiedad, fatiga,
reducción de la calidad de sueño, síntomas somáticos y relacionados con el SFC.
Se observaron además, variaciones estacionales en la distribución de los subgrupos
de citokinas y leucocitos entre los individuos severamente fatigados. No se
vieron diferencias inmunológicas entre los individuos nofatigados y fatigados.
No obstante, los pacientes con SFC mostraban un perfil inmune distinto si se
comparaba con los individuos severamente fatigados y los nofatigados. Estos
pacientes mostraban un incremento de citokinas antiinflamatorios (interleukina
[IL]10, disminuido ratio interferón (IFN)γ/IL10) y reducciones de las
citokinas proinflamatorias (IL6, tumor necrosis factorα).
Algunos de los datos más robustos que exploran el vínculo entre
la desregulación inmune y el SFC fueron conseguidos gracias a la investigación
de los estados postinfección. Desde que se describió por primera vez la enfermedad,
los investigadores se interesaron en el papel potencial de los virus
reactivados,
especialmente después del descubrimiento del virus humano del herpes (HHV)6 en
la muestra de sangre de un paciente con SFC [15].
A menudo el SFC tiene un
comienzo agudo postviral, y dos estudios longitudinales observaron fatiga
crónica postinfección después de una infección con el virus EpsteinBarr (EBV)
[5••,16]. En un estudio reciente, Hickie et al. [5••] demostraron que el SFC es
una secuela bastante habitual de varios tipos de infecciones virales y novirales,
incluyendo EBV, fiebre Q y el virus Ross River. Los investigadores condujeron
un estudio prospectivo observacional en una ciudad rural en Australia. Este
estudio confirmó la presencia de un síndrome de fatiga postinfección vinculado
con estas tres infecciones.
Entre los 253 pacientes, el 12% experimentó una
fatiga postinfección que estaba presente 6 meses después de la infección
aguda. El mejor predictor para la fatiga prolongada era la severidad de la infección
aguda. Los desordenes de ánimo premorbidos y otros potenciales riesgos
psiquiátricos no era un riesgo predictivo para la fatiga prolongada.
Este
trabajo confirma hallazgos previos que dicen que la severidad de la enfermedad
aguda, más que el patógeno infectivo parecía ser el determinante crítico del
síndrome de fatiga postinfección [16]. Chapenko et al. [17] encontraron
recientemente una prevalencia significativamente más alta de infecciones
persistentes/latentes con HHV6 y con infecciones duales de HHV6 y HHV7 entre
pacientes con SFC. El estudio comparó el nivel y las características de la
infección viral con la reacción en cadena de polimerasas nestadas, análisis
endonuclease de restricción y la citometría de flujo en 17 pacientes con SFC,
12 pacientes con fatiga crónica inexplicada y 20 controles sanos. Los
investigadores encontraron las infecciones activas de HHV6 y las infecciones
duales de HHV6 y HHV7 solamente en los pacientes con SFC, y estas infecciones
estaban presentes en 40% de la gente investigada. Basado en estos hallazgos los
investigadores concluyeron que el HHV6 y el HHV7 pueden estar implicados en
la patogénesis del SFC y que la reactivación de ambos virus podría causar
cambios en los linfocitos en la circulación y un estado de crónica activación
inmune [17]. Petersen et al. [18•] publicaron recientemente cifras de la
prevalencia para la fatiga postinfección con EBV. Su estudio encontró un
vínculo inmediato entre la infección con EBV y la fatiga, pero también encontr
ó que la duración
media de la fatiga era de 8 semanas y que la mayoría de los pacientes se
recuperó antes de 1 año. Solamente uno de los 10 pacientes estudiados tenía un
historial adicional de fatiga.
Basado en estos hallazgos los autores
concluyeron que la fatiga aguda después de la infección con EBV y el SFC pueden
compartir algunos factores de riesgo, pero lo más probable es que no comparten
la misma etiología [18•]. Las infecciones enterovirales pueden causar
infecciones respiratorias y gastrointestinales agudas con tropismos para el
corazón, músculos y el sistema nervioso central. Los enterovirus han sido
evaluados en varios estudios, con datos tempranos de Gow et al. [19] que
inicialmente sugerían una infección muscular; no obstante el mismo grupo no
consiguió encontrar un nivel más alto que los de los controles en estudios
posteriores. Maes et al. [20] encontraron un nivel elevado en suero de IgA y
IgM contra los LPS de enterobacterias gramnegativos en un grupo de pacientes
con SFC, indicando un incremento de la permeabilidad intestinal y una respuesta
inmune antiLPS.
Los investigadores notaron que la barrera intestinal puede
estar debilitada por unos factores de los que se ha comprobado que desencadenan
el SFC, como estrés psicológico, ejercicio extenuante, alergias, cirugía y
trauma. Estos mismos factores pueden inducir inflamación, activación inmune y
estrés oxidativo. Entonces la inflamación puede incrementar la permeabilidad de
la barrera gastrointestinal, y sugirieron que esto puede llevar a la autoinmunidad
o el incremento de la inflamación en pacientes con un síndrome de fatiga
existente. Basado en estos hallazgos, los autores sugirieron que los pacientes
con SFC y otras formas de fatiga crónica deberían ser valorados por la
presencia de un incremento de la permeabilidad intestinal mediante la medición
de IgA/IgM contra los LPS de bacterias gramnegativas.
Los autores también
recomiendan el uso de ciertos antioxidantes para tratar a pacientes con un
incremento de la permeabilidad intestinal [20]. Un reciente estudio evaluó la
presencia de infecciones crónicas con enterovirus en pacientes con SFC que
experimentan quejas gastrointestinales crónicas [21••]. El estudio tomó
especimenes de biopsias estomacales de 165 pacientes con SFC; 82% de los
pacientes con SFC testaron positivos por la presencia de la proteína capsida
viral 1 dentro de las células parietales en comparación con solamente el 20% de
los controles. Además, se detectaron también ARN de enterovirus y virus nocitopáticos
en una submuestra de los sujetos testados. Basado en estos resultados, los
investigadores concluyeron que un subgrupo significativo de pacientes con SFC
puede tener una infección enteroviral crónica, nocitolítica, potencialmente
diseminada que podía ser diagnosticada con una biopsia estomacal. Los
investigadores notaron el tropismo con el cerebro y los músculos y sugirieron
que la neuroinflamación que se ve en los estudios con neuroimágenes de un
subgrupo de pacientes con SFC puede resultar de una infección enteroviral.
Genómica y
Proteómica
Los datos de microensayo de expresión genética se han vuelto una
herramienta altamente productiva para comprender mejor las investigaciones en
el SFC. Un grupo de estudios investigacionales financiados por los Centros de
Control y Prevención de Enfermedades (“Centers for Disease Control and
Prevention”) de los EE.UU. ha llevado a una serie de 14 artículos publicados en
un ejemplar dedicado a ello de Pharmacogenomicsen Abril del 2006. Estas
publicaciones fueron el resultado del esfuerzo multidisciplinario de un cuadro
internacional de 20 biólogos moleculares, epidemiólogos, matemáticos,
ingenieros y otros científicos, que analizaron de manera independiente los
datos genómicos, laboratorios y clínicos que se reunieron de 227 participantes en
el estudio. Durante una estancia de 2 días en el hospital, los participantes en
el estudio fueron sometidos a una comprensiva batería de tests que incluían
medidas de la función cognitiva, la fisiología del sueño, la función del
sistema nervioso autónomo y análisis sanguíneos de las secuencias y la
expresión de más de 20.000 genes.
Estaban disregulados los genes mitocondriales
y regulatorios de los canales iónicos. Los datos de los microensayos también
mostraron una sobreregulación de las vías de las citokinas proinflamatorias,
y los análisis de subgrupos vincularon diferentes patronos de disregulación
endocrina, inmune y metabólica que identificó nada menos que seis subgrupos de
SFC. Aunque los investigadores no fueron capaces de identificar un definitivo
marcador genético para el SFC, pudieron identificar 28 simples polimorfismos
nucleótidos para predecir con una exactitud del 76% si un individuo tenía el
SFC.
Estos investigadores también encontraron que los pacientes con SFC y los
pacientes control demostraron diferentes niveles de expresión genética para los
genes que afectan el eje HPA y el sistema nervioso simpático. Los genes que
modulan la respuesta fisiológica a los mensajeros químicos, como las hormonas,
liberados como parte de una respuesta al estrés normal, estaban alterados en el
grupo co
n SFC. Estos datos
de los ensayos genéticos y los simples polimorfismos nucleótidos son
consistentes con los estudios de Jerjes et al. [22••] y con otros que han
mostrado un aumento de la sensibilidad del eje HPA al feedback negativo en el
SFC, como quedó demostrado mediante el uso del test de supresión de
prednisolona.
Diversos estudios han investigado las respuestas anormales al
estrés en pacientes con SFC y el vínculo entre la disregulación de la función inmune
y las anomalías en la actividad del eje HPA. Otro estudio que fue publicado
este año por Rajeevan et al. [23] identificó variaciones en la secuencia del
gen receptor de los glucocorticoides (NR3C1) en pacientes con SFC. NR3C1 es un
efector clave del eje HPA.
Este estudio demostró que NR3C1 es un potencial
mediador del SFC, y futuros estudios en las variaciones en esta área podrían
aumentar nuestra comprensión de cómo se manifiesta el SFC [23]. Recientes
estudios con tecnología de microensayos han sugerido que los agentes
infecciosos pueden desencadenar y perpetuar los síntomas del SFC. Un estudio
por Vernon et al. [24••] encontró evidencia de disfunción mitocondrial en casos
de fatiga postinfección causados por EBV.
Los investigadores compararon sujetos
con mononucleosis aguda que desarrollaron fatiga postinfección de una duración
de más de 6 meses con sujetos comparables en HLA que se recuperaron antes de
los 3 meses. Los perfiles de expresión genética de los sujetos que mostraban
una respuesta de fatiga postinfección que duraba más de 6 meses eran
diferentes de las de los controles. Seis genes de los que se sabe están
activados durante la infección con EBV se mostraban de manera diferencial en
los casos de fatiga postinfección. Se sabe que unos cuantos de estos genes con
expresión diferencial afectan las funciones mitocondriales, incluyendo el
metabolismo de los ácidos grasos y el ciclo celular [24••].
Disregulación de la inmunología y el Tratamiento Modalidades
Muchos grupos han descrito la disregulación inmune dando evidencia de
disfunción celular y de una crónica activación inmune descrita en artículos
tempranos sobre el SFC [25,26].
Hay estudios sobre los mecanismos de disfunción
inmune que intenta descubrir dianas para terapias inmunebasados. Los estudios
sobre las terapias que tienen como diana la respuesta inmune humoral y las
cargas virales son áreas importantes de la investigación.
La disfunción en la célula natural killer y la célulaT
citotóxics: uso del interferón β
Las células natural killer son linfocitos versátiles que — en los individuos
sanos — pueden destruir las células infectadas. Los pacientes con SFC tienen a
menudo una reducción de la actividad citotóxica de las células natural killer
[27,28,29•].
Maher et al. [4•] encontraron que las células natural killer de
los pacientes con SFC tienen el nivel de la perforina anormalmente bajo, cuyas
células natural killer se utilizan para penetrar las células infectadas e
inyectar las granzimas citotóxicas. La perforina juega un papel crítico en la
vigilancia inmune y en la inmunomodulación; por esto, la disminución del nivel
de perforina puede jugar un papel en la patogénesis del SFC. Este estudio fue
el primero en examinar las célulasT citotóxicas en el SFC. Los autores
describen una disminución de la perforina y del contenido de granzimas de las
células T citotóxicas, igual al que se ve en las células natural killer.
Las
implicaciones clínicas son consistentes con un sistema inmune que puede
permitir una reactivación viral y también plantea una preocupación para la
vigilancia tumoral. Algunos investigadores han propuesto utilizar la actividad
de las células natural killer (“natural killer cell activity = NKCA por sus
siglas en inglés) como marcador para los subgrupos inmunológicos en el SFC.
Siegel et al. [29•] encontraron que, en relación con los pacientes con SFC con
una NKCA normal, los pacientes con un bajo nivel de NKCA informaron de más
disfunción cognitiva, más deterioro diurno y menos vigor. Estos pacientes
también puntuaban más bajo en las medidas objetivas de la función cognitiva en
relación a los pacientes con un nivel normal de NKCA.
Podrían parecer
razonables las terapias inmunomoduladores que tienen como diana la función de
las células natural killer y la célulaT citotóxica, utilizando el flujo
funcional y cuantitativo para identificar el subgrupo apropiado [30•]. Kerr et
al. [30•] postularon una teoría en este estilo. IFNβ, un tratamiento con
licencia para la esclerosis múltiple, podría dar alguna esperanza para los
pacientes con SFC. Hasta la fecha no hay pruebas que comprobaron la eficacia de
la IFNβ en pacientes con SFC, pero el apoyo teórico para una prueba así es
obligatorio. La patogénesis de la fatiga en la esclerosis múltiple es muy
parecida a la del SFC y se piensa que está mediada por las citokinas.
Se sabe
que IFNβ regula las respuestas inmunes humorales y las respuestas a la
infección viral. IFNβ incrementa la actividad de las células natural killer y
la expresión de los antígenos de clase 1 de los leucocitos humanos, mientras
bloquea la expresión de los antígenos de clase 2 de los leucocitos humanos.
Además, puede inhibir selectivamente la expresión de varios genes que están
implicados en los estudios genómicos de pacientes con SFC.
Se están planeando
estudios, basados en los datos de la expresión genética, para explorar el
tratamiento del SFC con IFNβ. Se espera que comienzo una prueba clínica de IFNβ
en la Universidad de St. George en Londres.
Tratamientos
antivirales
En la reunión de 2007 de la “International Association of
Chronic Fatigue Syndrome”, los investigadores presentaron dos estudios en fase
1 de valganciclovir en pacientes con SFC con evidencia de infección con HHV6 o
EBV. Kogelnik et al. [31•] encontró evidencia de mejoría clínica en 20 de los 23
sujetos con comienzo agudo de SFC y altos títeres de anticuerpos contra EBV y/o
HHV6. Lerner et al. [32•] presentó datos de una prueba abierta en fase 1 que
apoya la reactivación del EBV que afecta la función cardíaca en pacientes con
SFC gravemente enfermos.
El estudio que era un seguimiento de su estudio
previamente publicado de 19 pacientes con SFC con anomalías de motilidad de la
pared cardíaca, mostró una respuesta clínica favorable en la mayoría de los 60
pacientes después de 6 meses de valganciclovir oral. Ambos investigadores
avisaron que el medicamento tenía un riesgo significativo de supresión de la
médula ósea y de toxicidad renal, y están en camino estudios de fase 2 con
placebo control.
En un estudio abierto con ácido folínico, los autores informaron
de una alta incidencia de una infección con EBV crónica reactivada, acompañada
de inmunodeficiencia de las célulasB en pacientes con SFC. Una significante
proporción de estos pacientes experimentó una marcada mejoría de sus síntomas
después del tratamiento con ácido folínico [33].
Un estudio retrospectivo que
media la respuesta de pacientes con SFC a la azitromicina encontró que 58 de
los 99 participantes informó de una disminución de su severidad sintomática
[34]. Los respondientes mejoraron hasta un máximo estimado del 80% de su nivel
premórbido. Aquellos pacientes que respondieron al tratamiento tenían un nivel
más bajo de la acetilcarnitina en plasma. Los investigadores teorizan que la
eficacia de la azitromicina se podría atribuir al efecto modulador sobre las
células gliales inmunes crónicamente preparadas en el cerebro o en el sistema
inmune activado de los pacientes con SFC.
Conclusiones La preponderancia de investigaciones disponibles
confirma que la disregulación inmune es característica principal del SFC. Las nuevas investigaciones han aumentado más nuestro conocimiento de
la genómica de la enfermedad y del papel de la infección viral y de su
reactivación en la patogénesis. Los avances en el campo deberían resultar en
terapias que tienen como diana el impacto en la función inmune, la regulación
del eje HPA y la persistente reactivación viral en los pacientes con SFC.
Futuros estudios que investigan estas importantes áreas pueden llevar a
prometedores nuevos descubrimientos e opciones para tratar el SFC.
Reconocimiento: Los autores no tienen conflictos potenciales, ni
económicos, ni otros.
Referencias y lectura recomendada: Papeles de interés particular, publicados
recientemente, se destacan
como: • importante •• de gran importancia
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alteraciones en la transcripción genética en pacientes con fatiga postinfección
después de infección aguda con EBV. Encontró que los pacientes que
desarrollaron el síndrome de fatiga postinfección tenían un perfil de
expresión genética que indicaba una respuesta de huésped alterada durante un episodio
de mononucleosis aguda cuando se compara con los pacientes que se recuperaron
sin eventos.
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fase 1 de valganciclovir en el subgrupo de pacientes con SFC con altos títeres
de anticuerpos contra HHV6 y/o EBV; este grupo está actualmente haciendo
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valganciclovir que sugiere que el subgrupo responde a la supresión viral.
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Más información actualizada sobre SFC: http://www.institutferran.org